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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4512

—Haz lo que dice —le indicó Ledo.

El conductor asintió y arrancó el vehículo.

Ledo se quedó mirando la pantalla de su teléfono, buscando información sobre Lomas de la Niebla. Tras unos minutos, bloqueó la pantalla y preguntó:

—Cuéntame cómo es la seguridad en ese lugar.

—Lomas de la Niebla es la zona residencial más grande de Marlando —explicó el hombre—. Está dividida en más de diez sectores de lujo. El sector de Niebla es el más costoso de todos, con las cuotas de mantenimiento más altas y, sobre todo, la seguridad más estricta de la ciudad. Ahí es donde vive nuestro jefe.

—¿Esa es su residencia oficial?

El hombre asintió.

—Pasa la mayor parte de su tiempo ahí, aunque a veces se queda en otros lados.

—¿Y cómo es que tiene las agallas de decirles a ustedes, simples peones, dónde vive?

—Porque todo el lugar está controlado por su gente —respondió el matón, aún temblando—. Su mansión está rodeada de sus propios guardias de seguridad, cámaras por todas partes y francotiradores apostados en puntos ciegos. Nadie puede entrar ahí y lastimarlo.

—¿Cuántos hombres tiene a su disposición?

—No sé el número exacto, pero no bajan del centenar.

Ledo se quedó pensativo. De pronto, su teléfono emitió una alerta.

Lo miró: era un mensaje de Miro.

Hacía unos minutos se había comunicado con él para pedirle que investigara los antecedentes de este «jefe».

Al leer la pantalla, el ceño de Ledo se frunció aún más. Miró al hombre a su lado.

—¿Es asambleísta?

El matón asintió apresuradamente.

—El jefe abrió una empresa de logística que fue galardonada como una de las mejores de Marlando. Usó sus influencias y contactos para que lo nombraran asambleísta local.

Ledo bufó, incrédulo.

—¿Un delincuente con negocios ilícitos representando al pueblo?

—... La gente normal no sabe de sus negocios turbios.

Ledo volvió a mirar la pantalla, leyendo el resto del mensaje. Una sonrisa sarcástica se dibujó en sus labios.

—¿Y también es filántropo?

—... Eso también lo compró con dinero.

Ledo arrugó la nariz con asco.

—Para que una escoria como él logre el puesto de asambleísta y además un título de benefactor, su red de contactos no debe ser nada sencilla.

—El jefe conoce a muchísima gente pesada —confirmó el matón—, tanto en el gobierno como en el mundo empresarial.

Ledo apretó los labios.

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