El hombre frunció el ceño, mirando a Ledo con profunda desconfianza.
—¿Qué pretendes hacer?
—Solo responder a tu pregunta de hace un momento —dijo Ledo tranquilamente—. Sabías perfectamente que venir aquí sería peligroso y aun así te arriesgaste. Se nota que eres muy leal y obediente con tu jefecito, el que te paga.
Al oír eso, los músculos del rostro del hombre se tensaron.
—¿De qué estás hablando?
Ledo entornó los ojos.
—¿Quién te envió?
El hombre adoptó un tono indignado.
—¡Soy un médico! Llegué por los canales oficiales, ¿qué es eso de «quién me envió»?
—Te lo advierto: no quieras buscarle tres pies al gato —dijo Ledo con frialdad—. Mi paciencia tiene un límite.
El hombre frunció aún más el ceño.
—¿Sigues sin creerme? ¡El Dr. Suárez te acaba de hacer una videollamada! ¿De verdad crees que él te engañaría?
Ledo apretó los labios, rodó los ojos y, sin previo aviso, ¡le soltó una patada!
El hombre intentó esquivar el golpe, pero no fue lo suficientemente rápido. La patada de Ledo lo mandó a volar, estrellándolo contra el suelo a varios metros de distancia.
Antes de que pudiera intentar ponerse de pie, Ledo se abalanzó sobre él, desatando una lluvia de golpes frenéticos.
¡Cada puñetazo llevaba una fuerza brutal!
Esta vez, Ledo no le dio ni tiempo para respirar. El hombre no tardó en suplicar piedad a gritos.
—¡Para! ¡Para! ¡Detente! ¡Hablaré! ¡Hablaré!
Con el siguiente golpe, Ledo le rompió cuatro dientes. La boca del falso médico se llenó de sangre al instante.
Lloraba de dolor; sentía que le habían triturado cada hueso del cuerpo.
Ledo se levantó, arrancó un pañuelo de papel para limpiarse las manos con calma y luego agarró unas tijeras quirúrgicas. Se acercó al hombre y se acuclilló a su lado.
El individuo lo miró con puro terror en los ojos.
—¡Te dije que iba a hablar! ¡Lo confieso todo!
—¿Quién te envió? —preguntó Ledo.
—El jefe —sollozó el hombre.
—¿Qué jefe?
—¡No lo sé! Me ordenó hacerme pasar por un médico recién asignado para buscarlos. Tenía que averiguar la identidad de la persona que causó estragos en El Triángulo de la Frontera. Y, si se presentaba la oportunidad, debía transferir a ese paciente a otro lugar.
—¿Transferirlo para qué? —cuestionó Ledo, frunciendo el ceño.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...