—Si tantas ganas le tienes, ¡hasta podría dejar que te acuestes con ella primero antes de llevármela!
Eric apretó los labios con fuerza, su rostro estaba pálido y sus puños cerrados con furia. ¡Su mirada era asesina!
Frunció el ceño y dijo fríamente:
—Si piensas lastimarla, entonces se acabó la charla. Ya no me esperes más. Sobre mi asunto, ¡ve y cuéntaselo a quien quieras!
El interlocutor notó la furia y determinación en su voz, y rectificó de inmediato:
—No te enojes. Ya te dije que me gusta su talento, la cuidaré como oro. Si algún otro intentara tocarla, le cortaría las manos. Pero si eres tú, obvio que haría una excepción, a fin de cuentas a ti también te aprecio.
—Si no quieres tocarla, no lo hagas. No te alteres, te prometo que no le haré daño, como tú digas.
—Y otra cosa, no andes diciendo estupideces. ¿En serio estarías dispuesto a dejar que la familia Enríquez caiga en el ojo del huracán? ¿De verdad eres capaz de abandonar a tus padres a su suerte?
—Piensa en todo lo que han sufrido y sacrificado por ti. ¿Tienes corazón para hacerlo?
Eric contestó fríamente:
—¡No quiero escuchar tu basura! Aún tengo pendientes aquí que no he terminado de resolver, no podré ir a Puerto Rafe a corto plazo. ¡Cuando vaya para allá, yo mismo te buscaré!
El interlocutor dudó: —¿Lo estás posponiendo a propósito, verdad?
Eric: —Piensa lo que quieras, pero por ahora no puedo ir.
Hubo un silencio al otro lado de la línea, seguido por:
—Eric, te daré un poco más de tiempo. Pero ya me conoces; cuando me colman la paciencia, soy capaz de cualquier cosa. Podría ser algo incluso peor que empujar a tus padres al abismo público.
—Si realmente te importa el futuro de tu familia, entonces no cruces mi límite. A fin de mes, sí. Si para finales de este mes no me la has entregado, te aseguro que te arrepentirás.
Dicho esto, colgó.
Eric apretó el celular con fuerza, jadeando pesadamente.
Su corazón latía a mil por hora y sentía que se ahogaba.
Se dejó caer en la silla, tardando mucho tiempo en recuperar el aliento.
¡Bip! La pantalla del teléfono se encendió, anunciando la llegada de un nuevo mensaje.
Eric pensó que era del mismo tipo, y con un semblante sombrío tardó un rato en animarse a mirar la pantalla.
Al ver el mensaje, la mirada de Eric se suavizó al instante.
No era él. Era Tesoro.
«Eric, ¿estás muy ocupado?»
Debajo del texto, había enviado un sticker adorable.
Mirando el mensaje, el ritmo cardíaco de Eric empezó a estabilizarse.
Tras recomponerse, respondió: «No mucho, ¿pasa algo?»
Tesoro: «Llevamos mucho tiempo sin hablar, te extraño.»
El corazón de Eric dio un vuelco y sus mejillas se sonrojaron. Con el teléfono en la mano, llamó a Tesoro de inmediato.
Ella contestó enseguida: —¡Eric!
Al escuchar el saludo alegre de Tesoro, Eric sonrió sin darse cuenta: —Mjm.
Tesoro preguntó: —¿Qué haces?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...