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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4477

Benjamín dejó escapar un largo suspiro:

—Las fiestas ya terminaron y aún no hemos ido a visitar a la familia Bello. Eso no demuestra intenciones de cultivar una amistad duradera. Sé honesto conmigo, ¿tienes algún secreto que te esté incomodando?

Benjamín no era ningún tonto, también podía notar la lucha interna de su hijo.

Era evidente que deseaba con todas sus fuerzas ir a ver a Tesoro, pero en cuanto surgía el tema del viaje, inventaba mil excusas para posponerlo, y luego de hacerlo, terminaba sintiéndose infeliz.

Un joven de dieciocho o diecinueve años, comportándose casi tan tímido como una niña.

Eric frunció el ceño y dijo: —No.

Benjamín apretó los labios:

—Casi llevas la frase «tengo problemas» tatuada en la frente y todavía lo niegas. Cuéntale a papá, ¿qué pasa?

Como Eric no abría la boca, Benjamín insistió: —¿Es demasiada presión en el trabajo?

Eric nunca había tenido contacto con los negocios de la empresa. Al regresar, la cantidad de cosas por aprender era abrumadora y había mucha resistencia, lo que lo tenía sometido a un estrés inmenso.

Excepto en Nochebuena, había estado ocupado todos y cada uno de los días.

Ya fuera acompañándolo a él y a Alfredo a reuniones de negocios, o encerrado en el estudio empapándose de los asuntos de la compañía. Ni siquiera el primer día del año habían descansado.

Después de todo, apenas tenía dieciocho o diecinueve años. Ya no era un niño, pero tampoco un adulto maduro.

La realidad era que, para su edad, muchos chicos todavía no salían de su fase rebelde.

Algunos apenas entraban a la universidad y ni siquiera habían asomado la cabeza al mundo real.

¡A simple vista, Eric parecía provenir de la élite, pero la carga sobre sus hombros superaba por mucho la de cualquiera de su edad!

Al ver que su hijo negaba con la cabeza, Benjamín volvió a hablar:

—Si no quieres desahogarte conmigo, ¿quieres regresar a casa y platicar con tu mamá?

Eric: —... —Al ver la mirada de genuina preocupación de su padre, sintió una punzada de culpa en el pecho.

Sus padres notaban perfectamente su estado de ánimo. Si él estaba inquieto, ellos también se angustiaban.

Eric se esforzó por recomponer sus emociones y respondió:

—No me pasa nada, es solo que últimamente la presión sí ha sido un poco fuerte. Temo no hacer las cosas bien y avergonzarlos a ti y al abuelo. Pero no se preocupen, yo mismo me iré ajustando.

Benjamín le creyó. Soltó un suspiro de alivio, feliz de que no fuera nada grave.

En verdad temía que el hijo que tanto habían anhelado recuperar pudiera desarrollar algún problema psicológico.

Benjamín le dio unas palmadas en el hombro a Eric:

—Es normal sentir presión, papá te entiende. No importa que apenas tengas dieciocho o diecinueve años y nunca hubieras tocado los negocios antes. ¡Mírame a mí! Yo acompañé a tu abuelo desde niño para aprender, y aun así, a los cuarenta, cuando asumí la dirección, pasaba noches enteras sin pegar el ojo.

—Todo inicio es difícil, y todo requiere un proceso. Si desde el primer día que regresaste fueras un experto en todo, ¿qué nos quedaría a los demás?

—Incluso un talento nato como Laín no nace sabiéndolo todo. Seguro que también tuvo que estudiar mucho; la diferencia es que su talento le permite aprender desde muy pequeño y mucho más rápido que los demás.

—No te apresures, iremos paso a paso. Aún eres muy joven y yo todavía tengo cuerda para rato. Tienes muchísimo tiempo para seguir aprendiendo a mi lado, no hay prisa.

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