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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4426

Mono Rojo explotó:

—¡Lo único que quieren es echar a Aspen Bello de aquí sin detenerse a pensar en el futuro ni en si realmente tienen la fuerza para lograrlo!

—¡Si lográramos que se quedara, indudablemente él podría abrirnos un mercado gigantesco! Pero esos estúpidos no son capaces de ver las ganancias, solo están aterrorizados pensando que viene a arrebatarles lo poco que tienen.

—De verdad no me cabe en la cabeza, ¿cómo diablos lograron esos tipos llegar a ser jefes?

Su hombre de confianza frunció el ceño con preocupación.

—Entonces, ¿qué hacemos nosotros? Si rechazaron su propuesta, es seguro que ahora lo ven como un enemigo. Si deciden enfrentarse a Aspen Bello, tengo miedo de que nos arrastren a nosotros en su venganza.

Mono Rojo resopló con ironía.

—Ni lo dudes, es cien por ciento seguro de que vendrán por mí. Ese viejo zorro de don Franco supo lavarse las manos perfectamente; bastó con que dijera que «ya está viejo» para sacudirse de toda la responsabilidad.

El hombre seguía inquieto.

—Sinceramente, no creo que esa sea su verdadera naturaleza. Aunque ya tiene sus años, don Franco no es de los que simplemente se dan por vencidos.

Mono Rojo se rió sin gracia.

—¡Por supuesto que lo sé! ¡Su sed de poder es insaciable! Está jugando a no ofender a nadie, manteniéndose en medio para ver cómo nosotros y los demás nos destruimos mutuamente. ¡Así él podrá llevarse la victoria sin mover un dedo! ¡Ja, viejo zorro!

El subordinado propuso una alternativa:

—¿Cree que deberíamos dejar a don Franco fuera de la jugada y hablar directamente con los demás jefes?

Mono Rojo negó rotundamente con la cabeza.

—No tiene caso. ¡Si se niegan a caminar por la puerta grande, que se preparen para estrellarse de frente!

El hombre aún tenía una duda carcomiéndole la cabeza:

—Pero, jefe... ¿cree que si Aspen Bello entra al negocio realmente intentará quitarle su puesto?

Mono Rojo sintió un nudo en el estómago. Él lo sabía mejor que nadie: si Aspen Bello decidía que quería ser el líder supremo de El Triángulo, y contaba con el respaldo incondicional tanto de Gael como de esa poderosa organización en las sombras... ¡él perdería sin lugar a dudas!

Mono Rojo era consciente de que había llegado a la cima gracias a una enorme cantidad de suerte.

Pero en términos de puro poder e influencia, ¡estaba claro que no era rival para Aspen Bello!

Si Gael estaba dispuesto a poner todo a su disposición, y hasta la organización oscura le daba luz verde, ¡sería un milagro que él saliera victorioso!

Sin embargo, era algo que no podía admitir en voz alta frente a sus hombres.

Temía que, de verse acorralados antes de tiempo, sus subordinados decidieran abandonarlo a su suerte.

Mono Rojo aclaró su garganta y adoptó un tono seguro: —Pase lo que pase, no importa cuáles sean los planes de Aspen Bello. Te garantizo que nosotros seguiremos teniendo nuestro propio territorio en El Triángulo. No se preocupen, nadie que trabaje para mí terminará muriéndose de hambre.

El hombre se apresuró a reafirmar su lealtad:

—¡Nuestras vidas le pertenecen, jefe Mono! ¡Seremos leales a usted hasta la muerte! ¡Haremos lo que nos ordene sin pestañear!

Mono Rojo apretó ligeramente los labios.

—Ya, déjate de lambonerías. Ve al almacén, saca unas cuantas botellas del mejor licor y repártelas entre los muchachos. Diles que no se asusten y que no dejen que los chismes les arruinen el ánimo. ¡No me importa quién venga ni cómo cambien las cosas, nosotros jamás perderemos nuestro lugar en El Triángulo de la Frontera!

—¡Tienes la promesa de Mono Rojo de que, mientras ustedes se mantengan fieles a mí, jamás permitiré que nadie los pisotee!

El subordinado respondió con firmeza: —¡Sí, señor!

Tras la partida de su hombre, Mono Rojo se sumió en sus pensamientos, con el ceño arrugado por la preocupación. Unos minutos después, marcó el número de Gael.

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