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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4424

Todos asintieron al unísono: —¡Así es!

Don Franco soltó la siguiente pregunta: —¿Pero es que ya nadie está interesado en entrar al mercado de Puerto Rafe?

La respuesta fue rotunda: —¡Por supuesto que sí, pero no vamos a poner nuestras esperanzas en las manos de Aspen Bello ni de Mono Rojo!

Don Franco hizo una pausa fingida. —... ¿Entonces debo darle ese mensaje?

Los jefes asintieron con determinación.

—¡Dígale a ese tal Mono que, si se atreve a seguir cubriéndole la espalda a Aspen Bello, lo enviaremos al infierno!

—¡Si me preguntan a mí, deberíamos acabar con él sin importar de qué lado esté! ¡Ese infeliz no es digno de ser nuestro líder! ¡Hoy se llama Aspen Bello, pero mañana podría ser un Fulano o Mengano! Él nunca velará por nosotros. ¡Si no lo sacamos de la jugada, nosotros seremos los que terminen muertos!

—¡Totalmente de acuerdo! Que esté dispuesto a usar a un extranjero para aniquilar a los nuestros es un acto de deslealtad imperdonable. ¡Es un traidor!

Uno a uno, fueron desahogando su furia hacia Mono Rojo, dejando ver su completo descontento.

Don Franco los interrumpió de manera suave.

—Quisiera pedirles que me confirmen algo. Aquellos que deseen actuar en contra de Mono Rojo, por favor, levanten la mano para saber cuántos somos.

Los que habían estado gritando a los cuatro vientos, levantaron la mano de inmediato. Algunos dudaron unos instantes y echaron miradas alrededor antes de levantar las suyas lentamente.

Al final, todos y cada uno de los presentes levantaron la mano.

Don Franco asintió con semblante comprensivo y declaró:

—El Triángulo de la Frontera es una gran familia. Aunque es innegable que hay competencia entre nosotros, todos sabemos que en los negocios debe prevalecer la lealtad y el honor. Y es cierto que la inclinación de Mono Rojo hacia Aspen Bello no es la más adecuada.

—Entonces, ¿qué prefieren que haga? ¿Quieren que hable con él como representante de ustedes para intentar hacerlo recapacitar, o prefieren que cortemos por lo sano y vayamos directo a las armas?

La sala se quedó en silencio. «...»

La magnitud de la pregunta hizo que todos se mordieran la lengua. Nadie se atrevía a ser el primero en hablar.

Todos tenían pavor de convertirse en el principal instigador y atraer fuego amigo o represalias directas.

Además, todos ahí consideraban a don Franco como un mediador neutral; a diferencia del resto, él no tenía un rencor personal contra Mono Rojo.

La mayoría pensaba que, dada su edad, don Franco había perdido la ambición, contentándose con resguardar lo que tenía y vivir el resto de sus días en paz. Nadie sabía lo monstruosa que era en realidad su sed de poder.

Don Franco, maestro en interpretar el papel de pacifista, vio la incomodidad de la sala y continuó:

—Bueno, quizás sea suficiente por esta noche. Les sugiero que regresen a sus casas y lo mediten con la almohada; al fin y al cabo, esta no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Por ahora, me limitaré a comunicarle a Mono Rojo cuál es su posición respecto a Aspen Bello. Si él desea responderles algo, seré el puente para hacerles llegar su mensaje.

—Respecto a Aspen Bello... ya sabemos que está aquí. Le pediré a Mono Rojo que averigüe más sobre su paradero y movimientos. Si logro obtener información valiosa, se las compartiré de inmediato.

Alguien desde el fondo de la sala lo miró fijamente.

—Don Franco... todavía no nos ha dicho cuál es su propia postura.

Todas las cabezas se giraron hacia él de golpe, sus rostros cargados de expectativa y duda.

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