Aspen negó con la cabeza.
—Temía que se preocupara demasiado, así que preferí no decirle la verdad. Justo hubo rumores de restos humanos de la familia de Gael en Ciudad Frontera, así que le dije que iba a ocuparme de ese asunto.
Joaquín asintió en comprensión.
—Haces bien en no decirle. Veo que ella se encariñó muchísimo con Ledo y con ese ancianito. Si se enterara de que su vida corre peligro, no podría estar tranquila.
—Ve con cuidado. Yo me haré cargo de la casa, no te preocupes.
—Gracias, suegro.
Joaquín lo miró con seriedad y le aconsejó:
—Sé que eres un hombre inteligente y capaz, pero te pido que seas extremadamente cauteloso. El Triángulo de la Frontera está lleno de monstruos; no hay una sola persona normal en ese lugar.
Aspen asintió firmemente. —Lo sé, quédese tranquilo.
Tras hablar con Joaquín y darle unas últimas indicaciones a Laín, Aspen emprendió su viaje.
Mientras tanto, en El Triángulo de la Frontera.
Una imponente y lujosa mansión se escondía en lo profundo del denso bosque.
Gael, vestido con ropa deportiva negra, avanzó por un sendero discreto y se infiltró directamente en el edificio principal.
Al verlo, dos de los guardaespaldas de la entrada principal sacaron sus armas de inmediato. —¡¿Quién anda ahí?!
Gael los ignoró por completo. Se quitó la capucha que le cubría la cabeza, miró a Mono Rojo, que estaba sentado en el lugar de honor, y fue al grano:
—¿Qué noticias tienes?
Al escuchar su voz, Mono Rojo se quedó de piedra por un instante.
Los alrededores de su mansión estaban repletos de guardias. ¡Que Gael hubiera logrado entrar hasta ahí sin que nadie diera la alarma era una muestra de habilidades aterradoras!
Mono Rojo se puso de pie apresuradamente y les gritó a los guardaespaldas:
—¡Bajen las armas! ¡Es de los nuestros!
Los hombres obedecieron al instante.
Mono Rojo ordenó: —¡Salgan todos! Tenemos asuntos importantes que discutir. ¡Vigilen la puerta, que nadie entre sin mi permiso!
—¡Sí, señor! —respondieron los guardaespaldas antes de retirarse.
El resto del personal de servicio también abandonó el lugar.
En cuestión de segundos, la enorme sala quedó vacía, salvo por la presencia de Mono Rojo y Gael.
Mono Rojo, con gran entusiasmo, le ofreció asiento, pero Gael no se movió. Lo observó con una mirada gélida.
—¿Qué noticias son esas?
—Escuché que la gente de Don Franco capturó a alguien. Quería preguntarte si es uno de tus hombres. Si lo es, tenemos que apresurarnos a planear un rescate; pero si no tiene nada que ver contigo, me lavaré las manos y no me preocuparé más.
Gael frunció ligeramente el ceño, intrigado. —¿Don Franco atrapó a alguien?
Mono Rojo asintió con fervor. —Sí, el rumor ya se esparció por todos lados.
—¿Es seguro que lo atraparon?
—En un noventa por ciento, sí.
—¿Cómo es la persona que capturaron?
Mono Rojo frunció el ceño mientras recordaba.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...