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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4030

Ledo: —... ¡¿Quién en su sano juicio podría hacer llorar de miedo a Tesoro?!

Aspen respondió: —No lo sabemos. Nano ha estado medio inconsciente todo este tiempo y la historia de su sueño la armó el tío Orion con lo poco que él balbuceaba.

Ledo frunció el ceño. —¿Aún sigue desvariando?

Aspen: —Sí.

Ledo preguntó preocupado: —¿Qué dijo mi mamá?

Aspen: —Tu mamá dice que no es grave, pero el cuerpo resiente el impacto. Necesita medicamentos para bajar la fiebre y luego tendrá que recuperarse.

Ledo suspiró.

—Este chiquillo de verdad... ¡¿cómo es posible que un simple sueño lo asuste tanto?! ¿Acaso no piensa que yo estoy con Tesoro? ¿Cómo iba a dejar que le pasara algo malo?

—Además, con el nivel que tiene Tesoro ahora, ¡nadie podría siquiera lastimarla!

Aspen reflexionó: —El exceso de preocupación te nubla el juicio, él la quiere demasiado.

Ledo exhaló largamente.

—Y encima se la pasa gritando a los cuatro vientos que cuando crezca se casará con ella. Si en el futuro Tesoro decide no casarse con él, ¿qué va a hacer ese pobre niño?

Aspen: —...

Ledo preguntó sin tapujos: —Papá, ¿a ti te gustaría que Nano se casara con ella?

Aspen apretó los labios.

—Eso dependerá de su capacidad. Con puro amor no alcanza.

Después de todo, la vida no solo está hecha de amor y bienestar, también hay obstáculos y peligros.

Tesoro no necesitaba ni amor ni dinero; lo que ella iba a necesitar era a un hombre capaz de acompañarla el resto de su vida, que pudiera cuidarla y darle verdadera seguridad.

—Eso es muy cierto —coincidió Ledo—. Nano ya lleva dos días enfermo, ¿y ustedes no le han marcado a Tesoro para decirle?

Aspen explicó:

—Nano ha estado desorientado y la mayor parte del tiempo se la pasa durmiendo. Aunque le llamáramos, él no podría platicar con Tesoro. Además, tu mamá ya confirmó que no está en peligro grave.

—Para colmo, ustedes tienen los horarios invertidos allá. Si llamábamos de día corríamos el riesgo de interrumpir su descanso. Mejor esperaremos a que Nano se sienta mejor para avisarle.

Ledo asintió. —Entiendo. Dile a mamá que no se preocupe por nosotros. Con Eric y conmigo aquí, no dejaremos que Tesoro corra ningún riesgo.

Aspen recomendó: —Cuídense mucho.

Ledo: —Lo haremos. Nuestro plan es regresar a casa para pasar la Navidad, no hay lugar como Puerto Rafe.

La voz de Aspen se volvió más cálida: —Claro que sí.

Al colgar el teléfono, Ledo guardó el aparato y siguió su camino.

Apenas llegó al refugio de Lázaro Rojas, recibió una llamada de Eric.

—¡Ledo! ¿Ya llegaste?

Ledo contestó: —Acabo de llegar, ¿qué pasó?

Eric: —¡Apareció! ¡El hombre que seguíamos fue a buscar a Lázaro!

Ledo abrió los ojos como platos. —¿Justo ahora?

Eric: —Sí, me acaban de avisar. Está rondando la casa de Lázaro.

Ledo inquirió: —¿Cómo dio con el lugar?

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