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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4006

Pero Tesoro no le temía; lo enfrentó cerrando ligeramente sus hermosos ojos, sin una pizca de miedo.

Ambos sostuvieron la mirada durante unos segundos tensos hasta que el Patriarca Dorado rompió el silencio con voz fría:

—¡Muy bien! ¡Entonces esperaremos a que Marcelo despierte!

Le lanzó una mirada cargada de advertencias a la chica y se dio media vuelta para marcharse.

Quince Dorado apretó los dientes. —¡Me las pagarás!

El confidente del Patriarca también amenazó: —¡Te arrepentirás de esto!

Tesoro simplemente alzó la mano. —¡Los voy a envenenar!

Ambos hombres se quedaron paralizados por un instante antes de dar media vuelta y salir huyendo.

Observando cómo se alejaban, Tesoro se rio.

—Gallinas.

El rostro de Mateo del Pozo reflejaba pura admiración.

—¡Simone, eres increíble! ¡De verdad lograste ponerlos en su lugar!

Tesoro respondió orgullosa:

—Mi papá me dijo que si no quieres que abusen de ti, tienes que volverte fuerte. ¡Cuando eres lo suficientemente fuerte, puedes mirar por encima del hombro a cualquier enemigo!

Mateo asintió convencido.

—¡Tengo que aprender de ti! ¡Trabajaré duro para convertirme en el Maestro del Vínculo más poderoso de este mundo!

Tesoro lo animó: —¡Vamos, yo creo en ti!

Todos en la Familia del Pozo soltaron un largo suspiro de alivio. Al mirar a Tesoro, no solo había cariño en sus ojos, sino también un profundo respeto.

¡A quien había ahuyentado Tesoro era al mismísimo Patriarca Dorado!

¡Un hombre que no respetaba a nadie más que al Señor de La Selva!

Pero además de sentirse vengados, también tenían cierta preocupación. Blanca Mares dijo:

—El Patriarca Dorado es perverso y despiadado. Como le quitaste autoridad frente a todos hoy, seguramente buscará la forma de vengarse. Simone, mejor vuelve a vivir con nosotros. Quizás nuestro poder sea limitado, pero los Dorado no se atreverán a entrar por la fuerza a nuestra mansión para hacerte daño.

Otros miembros de la familia también insistieron:

—¡Sí, regresa a casa! ¡Es demasiado peligroso que vivas con los Dorado!

Mateo, con la mirada llena de esperanza, agregó: —Por favor, regresa.

Tesoro contestó con voz suave:

—No se preocupen, si no estuviera segura de mi propia protección, definitivamente no me quedaría en su casa, y mis hermanos tampoco lo permitirían.

—Quédense tranquilos, si me atrevo a quedarme con ellos, es porque sé que estaré bien.

Todos suspiraron resignados. —...

Tesoro continuó:

—Señor Yago, tengo otros asuntos que atender, así que me iré primero. No se preocupen por la condición de los pacientes; despertarán pronto, solo asegúrense de que tomen sus remedios a tiempo.

Yago asintió. —De acuerdo, ve a lo tuyo. Descansa cuando termines; si pasa algo, contáctanos.

Tesoro respondió: —Claro que sí.

Luego miró a Eric Enríquez y le preguntó: —¿Nos vamos?

Eric asintió. —Sí.

Blanca se despidió a regañadientes:

—Descansa bien en la casa, nos vemos en la noche.

Tesoro se acercó y le dio un abrazo. —Hasta luego, señora Blanca.

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