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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4004

El confidente frunció el ceño con duda:

—¿Por Forte Dorado? Si Forte es el protector de nuestra familia, ¿por qué se enfrentarían a nosotros por su culpa?

Quince respondió:

—Eso es difícil de decir. Después de todo, Forte siempre ha estado amargado por la muerte de Aura Dorado. ¿Qué tal si descubrió algo y ahora está usando las manos de esos mocosos para vengarse de nosotros y hacer justicia por ella?

El confidente se quedó de una pieza y giró la cabeza para mirar al Patriarca.

—Ese es un ángulo que no habíamos contemplado.

Sin embargo, el Patriarca Dorado frunció el ceño y advirtió con severidad:

—¡La muerte de Aura Dorado es un tema prohibido en público! ¡Tengan cuidado, el pez muere por la boca!

El confidente cerró la boca enseguida, y Quince asintió obediente: —Entendido.

El Patriarca Dorado añadió:

—Sin importar sus motivos para atacarnos, es innegable que son enemigos jurados de nuestra familia.

—Y definitivamente debemos atrapar a esa chica. Tengo el presentimiento de que nos va a causar un desastre enorme; ¡no podemos dejarla seguir viviendo así como si nada!

—¡O la matamos o la hacemos desaparecer de la vista de todos, encerrándola para que sea nuestro espécimen de laboratorio!

Eric Enríquez frunció el ceño con una mirada helada como el invierno.

No le sorprendía que quisieran asesinar a Tesoro; después de todo, siendo ella la futura matriarca de la Familia del Pozo, matarla rápido les ahorraría dolores de cabeza, sobre todo considerando que ella misma había ido a provocarlos.

Pero lo que jamás imaginó era que quisieran usar a Tesoro como conejillo de indias.

¿Encerrarla? ¡Ese Patriarca Dorado acababa de firmar su sentencia de muerte!

Eric los observaba con frialdad mientras se acercaban, manteniéndose apartado en silencio.

Yago del Pozo se interpuso para proteger a Tesoro y preguntó con gesto severo:

—¿Qué hacen ustedes aquí?

Quince lo miró con total desprecio.

—No venimos a buscarte a ti, lárgate de aquí.

Dicho esto, clavó sus ojos en Tesoro y, estudiándola de arriba abajo, espetó:

—¿Tú eres la pequeña noviecita de Mateo del Pozo?

Tesoro ni siquiera le hizo caso, lo que hizo que Mateo respondiera impaciente:

—¡¿Qué es lo que quieres?!

Quince lo provocó con tono amenazante: —Vengo a quitarle la vida. ¿Te da miedo?

Mateo apretó los dientes. —¡No te atreverías!

Quince estalló en una risa estridente y soberbia.

—¿Qué pasa? ¿Acaso crees poder detenerme? Alguien de tu nivel no duraría ni tres segundos en mis manos.

Mateo se enfureció. Estaba a punto de contestarle jadeando de rabia, pero Tesoro le jaló del brazo y negó con la cabeza.

—No hables con él.

Mateo: —¿?

Tesoro dijo con toda la naturalidad del mundo: —Es muy feo, y además le apesta la boca.

Mateo se atragantó con sus propias palabras, y los demás miembros de la Familia del Pozo, tras un instante de sorpresa, soltaron carcajadas.

Quince se quedó atónito un par de segundos... ¡y estalló en cólera!

Para un hombre tan vanidoso como él, llamarlo feo y decirle que tenía mal aliento era un insulto imperdonable.

Apretando los puños, Quince miró con odio a Tesoro.

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