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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3981

El rostro de Mateo estaba bañado en pánico.

—No tengo idea, esto nunca había ocurrido antes.

Aunque Tesoro no sabía cómo se desarrollaban los combates en el pasado, estaba claro que si un anciano se había desplomado de esa forma, ¡estaba gravemente herido!

Tesoro preguntó de inmediato:

—¿Y el doctor? ¿No debería subir alguien a revisarlo?

Mateo negó con la cabeza:

—Nadie puede intervenir a menos que el anciano levante la mano en señal de rendición.

Tesoro frunció el ceño con frustración:

—¡Pero es obvio que se ha desmayado, no puede levantar la mano!

Apenas terminó de hablar, ¡otros dos ancianos de la Familia del Pozo cayeron al suelo!

¡Uno de ellos incluso tosió sangre antes de desplomarse!

La familia Dorado estaba eufórica:

—¡Bien hecho! ¡Qué increíbles son nuestros ancianos! ¡Acaben con todos ellos, no dejen a nadie vivo! ¡Hagan que la familia Dorado recupere su honor!

Mientras gritaban, los Dorado le hacían muecas y lanzaban gestos provocadores a los del Pozo.

Los miembros de la Familia del Pozo apretaron los puños y fruncieron el ceño, carcomidos por la angustia.

Cerca del Señor de La Selva, el Patriarca Dorado irradiaba una sonrisa arrogante, mientras que Anselmo reflejaba una profunda preocupación.

Al ver que ningún médico subía al escenario, Tesoro volvió a presionar a Mateo:

—¡Dile a los médicos que suban rápido, es evidente que los ancianos están muy mal!

Mateo miró a su padre, desesperado:

—Papá, ¿qué hacemos?

Yago, con el ceño fruncido y la expresión severa, respondió:

—Mantén la calma. Tu abuelo está observando todo, hay que esperar sus órdenes.

Ledo intervino:

—¿Por qué cayeron los ancianos? ¿Significa que están perdiendo?

Yago asintió con gravedad:

—Al parecer, sí.

Ledo, desconcertado, continuó preguntando:

—¿No se suponía que siempre terminaban en empate? ¡Incluso si los ancianos Dorado se hubieran vuelto más fuertes, no deberían haber mejorado de forma tan absurda!

La diferencia de nivel era abismal. Hablando en plata, ¡los estaban masacrando!

Yago suspiró:

—¡Jamás imaginé que la diferencia este año fuera tan drástica!

Ledo indagó más:

—¿Crees que hicieron trampa?

Yago negó con la cabeza:

—Si la hicieron, no seríamos capaces de notarlo a simple vista.

Ledo murmuró, observando a los combatientes que aún quedaban de pie:

—Me parece que los demás también están sufriendo mucho... ¿Estarán a punto de rendirse?

Yago apretó los labios y no dijo nada. Tesoro, visiblemente preocupada, comentó:

—Este combate no tiene sentido. Si lo anuncian como una exhibición, la seguridad debería ser lo primero. ¿Por qué no permiten que un doctor suba si alguien se desmaya?

Eric trató de tranquilizarla:

—El Señor de La Selva y los líderes de las familias están vigilando todo de cerca. Si hubiera un riesgo real de muerte, alguien ya habría intervenido. Si no han llamado a un doctor, es porque sus vidas no corren peligro inmediato.

Blanca asintió, dándole la razón:

—El análisis de Eric es muy acertado.

Tesoro seguía dudando:

—Pero desde esta distancia, ¿cómo pueden estar seguros de que no corren peligro?

Blanca le explicó:

—La vitalidad de cada maestro está unida a su Vínculo Maestro. Si el vínculo sigue con vida, el maestro no corre riesgo mortal. Además, el líder de cada familia tiene la capacidad de percibir la fuerza vital de sus propios vínculos.

Tesoro dejó escapar un suspiro de alivio, sintiéndose un poco más tranquila:

—Me alegra escuchar eso.

El tiempo transcurrió lentamente, y para cuando el duelo llegó a su fin, cinco ancianos de la Familia del Pozo habían caído. Solo tres lograron mantenerse en pie, y era evidente que apenas se sostenían.

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