Blanca comenzó a presentar a los presentes a Tesoro:
—Simone, todos los que están en estas sillas blancas pertenecen a la Familia del Pozo. A algunos todavía no los conoces, así que te los presentaré uno por uno...
Tras las presentaciones de Blanca, Tesoro saludó con cortesía:
—Buenas tardes a todos los señores, un placer conocerlos...
Después de saludar a todos, añadió:
—No se preocupen, sé muy bien lo que hago. La Familia del Pozo ha cuidado de mí y jamás permitiré que pasen una vergüenza.
Aunque las palabras de Tesoro los conmovieron, la inquietud no desapareció del corazón de los del Pozo.
Todos sabían perfectamente que ella no sabía nada sobre el Arte del Vínculo...
Muchos supusieron que su confianza venía respaldada por el poder de su familia en La Capital.
Sin embargo, en un duelo oficial sobre el escenario, ni siquiera el respaldo más fuerte serviría de escudo contra el peligro.
A pesar de su preocupación, prefirieron no hacer más preguntas. Había demasiada gente observándolos y no querían que las otras familias notaran su inseguridad y se burlaran de ellos.
Tesoro tomó asiento, ubicándose en la primera fila junto a Ledo y Eric Enríquez.
Mateo se sentó al lado de Tesoro.
De vez en cuando, Cristina lo miraba de reojo, pero él jamás le devolvió la mirada; ni siquiera por accidente.
Al igual que Yago y Blanca, el trato de Mateo hacia Cristina era tan frío como el hielo, en total contraste con la calidez que le brindaba a Tesoro.
Esa diferencia volvía loca de celos a Cristina, y mientras más celos sentía, más odiaba a Tesoro.
Para ella, Tesoro no era más que una intrusa descarada.
Estaba convencida de que, de no ser por Tesoro, Mateo jamás se habría enamorado de otra persona.
De pronto, la sirvienta de Cristina regresó. Al verla, Cristina le lanzó una mirada interrogante.
La sirvienta asintió discretamente, indicando que todo estaba preparado.
Cristina suspiró aliviada en silencio, le lanzó una mirada llena de odio a Tesoro y luego volvió su atención al escenario.
En el escenario principal, el Señor de La Selva y los líderes de cada familia fueron tomando sus lugares. La ceremonia de apertura estaba por comenzar.
Una vez que todos estuvieron acomodados, el Señor de La Selva tomó el papel de maestro de ceremonias y anunció el inicio oficial de la asamblea.
Según la costumbre, el primer paso de la asamblea era ponerse de pie para el himno y la ceremonia oficial.
Aunque las heridas en las piernas de Cristina aún no habían sanado por completo, logró ponerse de pie apoyándose en su sirvienta.
El Señor de La Selva le dedicó una mirada de aprobación...
Al finalizar la ceremonia, todos tomaron asiento y el Señor de La Selva pronunció su discurso en representación del gobierno local.
Siendo la máxima autoridad, la gente le guardaba un profundo respeto y temor. Por eso, durante su discurso reinó el silencio; nadie se atrevía a causar alboroto.
De repente, un bulto emergió del suelo y avanzó sigilosamente hacia Tesoro a una velocidad impresionante.
Al acercarse, ¡se abalanzó con la intención de morderla!
Sin embargo, en el momento en que pasó junto a Ledo, el niño detectó el peligro.
¡En un abrir y cerrar de ojos, aplastó a la criatura bajo su pie!
Cano se acercó de inmediato, y Ledo levantó el zapato.
No había aplastado a la criatura por completo para no manchar su zapato de sangre, y además, quería evitar que emitiera algún olor fétido que molestara a los presentes.
Ledo miró con asco a la horrible cosita retorciéndose en el suelo y frunció el ceño.
La criatura intentó escapar al sentirse libre, pero Cano la inmovilizó de inmediato.
Cano miró a Ledo y sacó la lengua.
—... ¡Insecto venenoso, muy tóxico!
Ledo frunció el ceño. Al sentir miradas sobre él, volteó y captó los ojos llenos de pánico de Cristina.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...