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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3903

Horacio asintió entusiasmado.

—¡Tienes toda la razón! Podemos torturarlo un buen rato para sacarnos el coraje, y luego se lo arrojamos a ellos.

Horacio se emocionó aún más.

—¡Quiero destrozarle los brazos y las piernas con mis propias manos! ¿Le gusta patear? ¡Me aseguraré de que jamás vuelva a levantar una pierna en toda su vida!

—...

Los dos hermanos conversaban acaloradamente, como si Ledo y Tesoro fuesen un par de simples hormigas a las que podían aplastar sin el más mínimo esfuerzo.

Por otro lado, en la habitación de invitados.

Una vez que los tres entraron al cuarto, Eric y Ledo revisaron el lugar minuciosamente.

Tras confirmar que no había cámaras, Ledo comentó:

—Es increíble que los Dorado no hayan instalado vigilancia. ¿Acaso no quieren espiarnos?

Eric le respondió: —No es que no quieran, es que no tienen la costumbre de instalar cámaras de seguridad. Esa tecnología casi no circula por La Selva.

Ledo asintió. —Mejor así.

Eric añadió: —Aunque seguramente pondrán guardaespaldas a vigilarnos.

Ledo se encogió de hombros. —Que vigilen todo lo que quieran. Por eso no me preocupo.

Tras decir esto, Ledo miró a Tesoro y frunció el ceño...

Eric, intuyendo que Ledo quería hablar a solas con ella, fue prudente y se excusó.

—Hablen ustedes. Yo iré a revisar las otras dos habitaciones.

Tesoro le preguntó: —¿No quieres que vayamos contigo?

Eric negó. —No hace falta.

En cuanto Eric salió, Ledo no pudo aguantar más y soltó:

—Tesoro, ¿qué onda con ese tal Mateo? ¿Por qué todos dicen que ustedes... que tú... que estás enamorada de él?

Tesoro se apresuró a explicarse:

—No, no es así. Es un malentendido. Mateo lo dijo a propósito.

Ledo frunció el ceño. —¿Qué quieres decir?

Tesoro le aclaró: —A Mateo no le gusta Cristina, pero Don Anselmo insiste en que se case con ella. Para convencer a su abuelo de cancelar el compromiso, dijo que ya tenía a alguien que le gustaba.

Ledo abrió los ojos de par en par. —¿Le dijo a su familia que le gustas tú?

Tesoro: —Más bien les dijo que estábamos saliendo.

Las pupilas de Ledo se dilataron por completo. —¿Cómo se atrevió? Él...

Sin dejar que terminara de hablar, Tesoro lo interrumpió:

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