Pink siseó con seriedad: *Él no es alguien común, y los bichos en su interior tampoco.*
Cano le restó importancia: *No les tengo miedo, no pueden hacerme daño.*
Pink insistió: *Te daré un poco de mi sangre.*
La sangre de Pink podía curarlo todo, y temía que Cano hubiera ingerido algo letal. Quería darle de beber un poco de su sangre, por si acaso.
Cano la detuvo de inmediato: *¡De verdad estoy bien! ¡No te lastimes!*
Pink: *Cuando te des cuenta de que algo anda mal, tal vez sea demasiado tarde.*
Cano: *¿Tanto te preocupas por mí?*
Pink, perdiendo la paciencia: *¡Haz lo que quieras, mientras no te mueras!*
Pink dio media vuelta y se alejó por debajo de la ropa. Cano le sacó la lengua, con ganas de detenerla, pero le dio pena y solo se quedó ahí, sonriendo como un tonto enamorado.
Ledo se sacudió la manga. —¿Seguro que estás bien?
Sabiendo que la pregunta era para él, Cano no se asomó, sino que le dio un ligero golpe con la cabeza en la muñeca para indicarle que todo estaba en orden.
Ledo por fin se relajó. Con el rostro ensombrecido, se giró hacia Lázaro.
—¿Qué intentabas hacer?
Lázaro, aún con el ceño fruncido y adolorido, confesó:
—Quería verlo de nuevo.
Ledo soltó una carcajada irónica.
—¿Intentaste atacarme solo para obligarlo a salir?
—No quería hacerles daño, solo quería observar a tu criatura —se justificó Lázaro.
La voz de Ledo se volvió gélida. —Más te vale no tener intenciones ocultas con Cano, ¡o te juro que te mataré!
Los labios de Lázaro temblaron levemente antes de preguntar:
—¿Es una serpiente? No creo haber visto una igual. ¿De qué especie es? ¿Dónde la conseguiste? Y lo más increíble... ¿puedes comunicarte con ella?
Ledo no respondió y contraatacó:
—Primero dime, ¿qué clase de Vínculos eran esos bichitos que se tragó? ¿Qué daño podrían causarle?
Lázaro suspiró.
—Esos Vínculos fueron creados por Aura Dorado en vida. No tienen nombre, pero son sumamente agresivos. Pueden causar daños severos tanto a humanos como a otras criaturas venenosas. Basta con que toquen a su objetivo para que este presente síntomas mortales al instante.
Ledo lo miró con sospecha.
—¿Entonces, el tipo que se estaba asfixiando y el otro que vomitaba sangre, fue porque tus bichos los atacaron?
Lázaro asintió.
—Así es. Como son tan pequeños que ni siquiera se ven a simple vista, la gente asume que tengo el poder de lastimarlos a distancia. Pero no, no poseo esa habilidad.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...