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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3840

El hombre del escritorio frunció el ceño con fuerza, debatiéndose internamente. El pánico era evidente, pero seguía sin querer abrir la boca.

El semblante de Lázaro se oscureció de inmediato. El líder, aterrorizado al ver la ira volver a los ojos de aquel monstruo, se apresuró a rendirse.

—¡Está bien, está bien, lo sé, lo sé!

En lugar de decir la ubicación en voz alta, el hombre tomó un trozo de papel, garabateó algo de prisa y se lo extendió a Lázaro.

—En este momento, está oculto aquí.

Lázaro tomó el pedazo de papel, lo revisó con rapidez y lo interrogó:

—Si voy a este lugar con este papel, ¿es seguro que lo encontraré?

El hombre negó con vehemencia, alzando las manos en señal de rendición.

—Eso sí no puedo asegurárselo, don Forte. Ya sabe cómo son las cosas. Ese lugar es un infierno caótico. Hay todo tipo de gente y pasan cosas indescriptibles a cada minuto. En qué rincón específico esté escondido es algo que desconozco. Aunque yo mismo entrara a buscarlo, no le garantizo que lograría hallarlo.

—¿Estás completamente seguro de que está ahí adentro? —presionó Lázaro.

El hombre asintió frenéticamente.

—¡Absolutamente! ¡Cien por ciento seguro! Ese sitio solo tiene dos puertas: una de entrada y una de salida. Y mis hombres vigilan ambas sin descanso. Si hubiera puesto un pie fuera, yo sería el primero en saberlo.

Lázaro continuó su interrogatorio:

—¿Ese refugio es de tu propiedad?

El hombre sonrió con nerviosismo.

—No del todo. Digamos que es... propiedad compartida.

—¿Qué se necesita para acceder? —exigió Lázaro.

Sin decir una sola palabra más, el hombre se llevó el dedo pulgar a la boca, se lo mordió hasta sacarse sangre y estampó su huella en el pedazo de papel que acababa de entregarle.

Lo miró con total seguridad y dijo:

—Si muestra esto en la entrada, le garantizo que lo dejarán pasar sin hacerle una sola pregunta.

Lázaro observó la mancha roja en el papel por un segundo y continuó indagando:

—Una vez adentro, ¿cómo lo busco?

El rostro del hombre se arrugó en una mueca de impotencia.

—Esa es la parte que yo desconozco, se lo juro por mi vida. Puede matarme si quiere, pero es la verdad. En cuanto alguien cruza esa puerta, tiene total libertad de moverse y esconderse donde le plazca.

—No hay registros, no hay vigilancia y nadie rinde cuentas a nadie. Si alguien muere allá abajo, sus restos podrían pudrirse sin que nadie se enterara.

—¿Y no hay alguien a cargo en el interior? —preguntó Lázaro.

El hombre negó rotundamente. —Nadie.

—Esta gente te está pagando cuotas de protección altísimas para entrar, ¿y me dices que una vez adentro te desentiendes por completo de ellos?

El hombre se apresuró a justificarse:

—Lo único que yo les vendo es un lugar seguro. Les doy la oportunidad de escapar del mundo exterior y de quienes los persiguen. Lo que hagan o cómo sobrevivan allá abajo, ya no es mi problema. Está lleno de callejones y pasadizos oscuros; si quieren esconderse en un agujero, pueden hacerlo.

—Encontrar un espacio seguro y sin ruido dependerá exclusivamente de su suerte y de sus habilidades.

Lázaro lo analizó en silencio. El hombre escrutaba el rostro impasible de su interlocutor, con el corazón latiéndole desbocado por el pánico.

Al notar que Lázaro seguía sin decir nada, sintió la necesidad de jurarlo de nuevo:

—¡Que los dioses me castiguen si estoy mintiendo! ¡Si le he ocultado algo, que no salga vivo por esta puerta y me muera sufriendo la peor de las agonías!

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