Al escuchar esto, el rostro de Pablo Mares se ensombreció por completo, y estrelló los cubiertos contra la mesa con un golpe seco.
—¡Si no quieren venir a comer, lárguense! ¡Dejen de buscar problemas donde no los hay! Ella es mi hija, yo la crie y no ha comido ni un solo bocado a expensas de ustedes. ¡Puede tratarlos como se le pegue la regalada gana!
—¡Y hablando de la familia del Pozo! ¡En toda esta generación de la familia Mares ni siquiera hay dos Maestros del Vínculo decentes! Si no fuera por el respaldo de los del Pozo todos estos años, ¿creen que hubieran podido sobrevivir en La Selva?
—¿Qué es lo que más importa en La Selva? ¿Quién tiene más dinero? ¡No! ¡Aquí lo que cuenta es qué familia tiene más Maestros del Vínculo!
—Si ahora resulta que desprecian a los del Pozo, muy bien, que levante la mano el que se atreva a decirlo.
—¡Lo saco a patadas de la familia Mares en este mismo instante para que vaya a sobrevivir a la calle, sin contar ni con los Mares ni con los del Pozo!
Las caras de los presentes se tornaron lívidas, pero nadie se atrevió a contradecirlo.
Solo el segundo tío de Blanca murmuró avergonzado:
—Hermano mayor, no te enojes. No les hagas caso a estas mujeres. Si Blanca no puede hablar, pues que no hable. Sigamos comiendo.
La mujer sentada a su lado se levantó furiosa. —¡Ya me llené, no quiero más!
Se dio la vuelta y se marchó echando chispas.
Poco después, otras personas se fueron también, todos con actitudes hostiles.
Pablo Mares sentía que la cabeza le iba a estallar. Con el rostro rojo de ira, exclamó:
—¡Si no fuera porque somos tan pocos en la familia Mares, juro que los borraba a todos del registro familiar!
Blanca se sintió incómoda. Conocía de sobra la situación de su familia; estaba tan acostumbrada a estas escenas que ni se sorprendía ni se enfadaba, solo le dolía ver a su padre así.
Se acercó a él y le dio unas palmaditas en la espalda para calmarlo.
—No haga corajes, papá. Enojarse hace daño, y si se enferma, nadie sufrirá en su lugar.
Pablo todavía estaba furioso:
—¡Son insoportables! ¡Ni uno solo vale la pena! ¡Son ignorantes, malintencionados y mediocres!
Blanca seguía acariciándole la espalda, intentando tranquilizarlo.
—Usted los conoce bien y yo también. Yo no me enojo, así que por favor, usted tampoco.
La situación en la familia Mares era exactamente así. El resumen de Pablo había dado en el clavo.
En toda la familia, apenas un par de personas eran sensatas; el resto eran mezquinos, cobardes y envidiosos.
Y justo por cobardes, nunca lograrían nada importante ni podrían causar un daño real, pero sí eran expertos en escupir veneno por la boca para exasperar a cualquiera.
¿Daban rabia?
¡Claro que sí!
Pero tampoco era para tanto como para echarlos de la familia.
Además, la familia Mares ya era pequeña. Después de tantas generaciones, solo quedaban unas treinta personas. Si los andaba expulsando a la menor provocación, terminarían extinguiéndose.
Con la cara aún sombría, Pablo negó con la cabeza y miró a Yago con ojos llenos de afecto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...