Al mediodía.
Justo cuando Patricio y Magdalena Palma seguían difamando a la Familia del Pozo a los cuatro vientos, Cristina despertó.
Ambos intentaron entrar a la fuerza para ver a su hija, pero la policía se los impidió. Ahora eran sospechosos, y se les tenía prohibido el contacto con ella.
El matrimonio no tuvo más remedio que esperar ansiosamente en la entrada de la clínica.
Los periodistas y curiosos que rodeaban el lugar también miraban hacia adentro, ansiosos por descubrir la verdad de la historia.
El doctor quería quedarse a solas con Cristina, pero no tuvo oportunidad. Los policías habían estado montando guardia junto a ella y, en cuanto abrió los ojos, lo supieron.
Sin poder decir mucho, el médico se limitó a revisarla. Al terminar, le preguntó:
—Tus signos vitales están normales, ¿sientes alguna molestia?
Cristina frunció un poco el ceño.
—Me da vueltas la cabeza.
—Es normal, es efecto de los medicamentos —dijo el doctor—. ¿Sientes dolor en las piernas?
Ella negó con la cabeza.
—No.
—Menos mal. Te queda un suero más, cuando termine te quitaré la vía.
Cristina asintió y respondió con cortesía:
—Gracias.
Entonces notó la presencia de los dos policías a un lado y se sorprendió un poco.
—¿Ustedes son...?
El doctor se apresuró a intervenir:
—Son oficiales de la zona, están aquí para...
Pero antes de que pudiera terminar, uno de los policías lo interrumpió:
—Ya no tiene nada que hacer aquí por el momento. Por favor, salga. Necesitamos hablar con ella.
El doctor solo pudo asentir, resignado.
—Claro, claro.
Cristina, sin entender qué pasaba, miró al médico con desconcierto. Él le hizo una seña rápida con los ojos antes de salir.
«¿Qué significa eso?», pensó ella.
Una vez a solas, los dos oficiales se sentaron junto a la cama. Uno de ellos abrió una libreta, listo para tomar nota.
—¿Qué sucede? —preguntó Cristina, alarmada.
—Tenemos algunas preguntas para ti. Esperamos que respondas con la verdad —dijo el oficial.
—¿Q-qué clase de preguntas?
—Nombre, edad y lugar de nacimiento.
—Me llamo Cristina Palma, tengo trece años, y soy de La Selva, de la Familia Palma.
—¿Cómo te hiciste las heridas en las piernas y en el cuerpo?
Cristina tragó saliva.
—¿P-por qué la pregunta?
—Solo responde con la verdad.
Cristina se dio cuenta de que la situación no pintaba bien. Sus ojos reflejaron un atisbo de pánico.
—Y-yo me caí sola.
Los policías intercambiaron una mirada. Luego, se dirigieron a ella con total seriedad:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...