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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3795

El médico respondió de inmediato:

—Es un amigo suyo. Fue quien la trajo a la clínica. Ellos pueden testificar a mi favor, de verdad que sugerí llamar a la policía, pero ella me detuvo.

El policía preguntó:

—¿Dónde están?

El médico dijo:

—Se fueron. Hace rato que se marcharon.

El policía inquirió:

—¿Usted los conoce?

El médico negó con la cabeza.

—Yo no, pero ella seguramente sí. Parecían muy unidos, deben ser conocidos.

—¿Cuándo despertará? —preguntó el oficial.

—No podría darle una hora exacta. Cada cuerpo reacciona distinto a la anestesia. Algunos despiertan rápido y a otros les toma mucho más tiempo.

—¿Hay alguna forma de hacer que despierte más rápido?

El médico dudó.

—Haberla hay, pero es muy dañino para el cuerpo. ¿Están seguros de que quieren hacerlo?

Los policías vacilaron. El médico continuó:

—Si prefieren, vayan a atender sus asuntos y yo me quedo cuidándola. Apenas despierte, los llamaré de inmediato.

El médico estaba aterrorizado y no quería que la policía interrogara a Cristina directamente.

¡Quería tiempo para acordar una versión con ella!

Los policías miraron a Cristina y, por el momento, descartaron la idea de despertarla a la fuerza. Sin embargo, tampoco se fiaban del médico como para irse sin más.

En La Selva, la protección a los menores era un asunto extremadamente serio. Además de las leyes nacionales, contaban con normativas locales muy estrictas.

Cristina tenía trece años, lo cual la ponía bajo la máxima protección legal.

Los oficiales salieron de la habitación y, tras una breve consulta, contactaron directamente a los padres de la familia Palma, exigiéndoles que se presentaran en la clínica para buscar a su hija.

Patricio y Magdalena Palma no tenían idea de que Cristina había salido de casa. ¡Se llevaron un susto tremendo al recibir la llamada!

Cuando preguntaron qué sucedía, la policía se negó a dar detalles y solo les ordenó que llegaran de inmediato. Si no lo hacían, enviarían agentes a buscarlos a su domicilio.

Aterrados, los padres de la familia Palma corrieron hacia la clínica.

Al llegar y ver la multitud aglomerada en la puerta, el miedo y la confusión los invadieron.

Había reporteros de La Voz de la Selva, patrullas de policía y decenas de curiosos.

Aunque en La Selva mucha gente llevaba un horario invertido, también había quienes hacían su vida de día. Ledo estaba mezclado entre la multitud, y los padres no lo reconocieron.

Patricio y Magdalena estaban sumidos en el pánico.

—¿Qué le pasó a nuestra Cristi?

Justo cuando la policía intentaba llevarlos adentro para hablar, un reportero disparó la primera pregunta:

—¿Es cierto que las heridas de Cristina Palma fueron causadas por ustedes?

—Se les ve muy nerviosos, ¿acaso tienen remordimientos por lo que hicieron?

—¿Tienen idea de lo graves que son las consecuencias por maltrato infantil?

Patricio y Magdalena abrieron los ojos de par en par, mirando a los reporteros con total incredulidad.

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