Entrar Via

Siete Años para Olvidar romance Capítulo 499

Tan familiar que, sin necesidad de darse la vuelta, Daisy supo quién era.

Y a la vez, tan extraño que casi lo había olvidado.

Los dos hombres detrás del biombo seguían hablando, revelando cada vez más información.

—Por eso te digo que asociarte conmigo es la decisión más inteligente que has podido tomar —dijo Adrián Suárez con aire de suficiencia.

—Sí, sí, por supuesto. Le ruego que me siga apoyando, señor Suárez.

—Claro que te apoyaré, pero creo que deberíamos reajustar nuestro porcentaje de reparto, ¿no te parece?

Al oír esto, el otro hombre se preocupó.

—Pero la comisión que le doy ya es la máxima que puedo ofrecer. Si le doy más, yo no ganaré nada.

—Tú ya sabes que yo tengo muchas opciones —respondió Adrián, indiferente—. Pero tú solo me tienes a mí.

Tras un momento de silencio, el hombre finalmente cedió a regañadientes.

—¡De acuerdo! ¡Cincuenta y cincuenta! Señor Suárez, esto es lo máximo que puedo ofrecerle.

—Así me gusta —dijo Adrián, satisfecho.

Una vez cerrado el trato, ambos se marcharon.

Solo cuando estuvo segura de que no los alertaría, Daisy se soltó bruscamente de la mano de Oliver y retrocedió un par de pasos para poner distancia entre ellos.

Quizás fue su retirada tan abrupta lo que dejó a Oliver algo desconcertado.

El puente de su nariz, perfectamente perfilado, ensombrecía sus ojos, ocultando cualquier emoción que pudiera haber en ellos.

Daisy, en cambio, de pie bajo la luz, no hizo el menor esfuerzo por ocultar la frialdad de su mirada.

—¿Y no piensas hacer nada con esta corrupción tan evidente? —le preguntó, sin emoción alguna.

Si hasta Ricardo Saavedra, alguien externo, se había dado cuenta del problema, era imposible que Oliver no lo supiera.

O más bien, siempre lo había sabido, pero se hacía el desentendido.

Daisy no podía entenderlo.

El Oliver de antes era una persona extremadamente exigente. Ahora, en cambio, parecía tolerarlo todo.

Por Vanesa, de verdad que había renunciado hasta a sus principios.

Oliver mantenía una actitud relajada, como si no le diera importancia al asunto.

—Mi intuición no falla —bromeó el señor Salazar—. Cuando el Grupo Prestige apenas comenzaba, nadie apostaba por él. Pero yo vi el potencial y la visión del presidente Aguilar, e insistí en colaborar. ¡Y mire ahora qué éxito tiene!

—Ahora que lo pienso, ustedes dos se parecen en algunas cosas —añadió el señor Salazar.

Iba a decir algo más, pero Oliver le recordó que su chófer había llegado.

El señor Salazar tuvo que dejarlo ahí. Se despidió de ambos con un gesto y se fue.

La sonrisa desapareció del rostro de Daisy tan pronto como se fue. Justo cuando se disponía a despedirse de Oliver con una formalidad cortés, él se le adelantó.

—¿Te llevo?

—No hace falta, tengo mi propio auto.

Daisy no había olvidado lo que Oliver había dicho en la cena.

Tenía que ir a buscar a Vanesa, por eso había cambiado el alcohol por el té.

Además, Oliver no quería llevarla de verdad. Solo lo había preguntado por educación y cortesía. Caer en la trampa habría sido un error.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Siete Años para Olvidar