Lina se encargó primero de la admisión de Valeria en el hospital y después la acompañó a la habitación para que se cambiara y se pusiera la bata.
Una vez que se cambió, le realizaron varios chequeos de rutina.
Los resultados estarían listos en media hora.
La espera fue bastante larga y angustiante. Valeria permanecía de pie junto a la ventana, sin decir una sola palabra. Lina y Rafael la acompañaban en completo silencio, sin atreverse acercarse para no molestarla.
Pasada la media hora, llegaron los resultados. Todo estaba en orden; podía proceder sin problemas con la cirugía. Justo en ese momento, avisaron desde el quirófano que ya estaban listos.
—Valeria —la llamó Lina—, es hora de ir al quirófano.
Al oírla, Valeria tembló y se giró lentamente.
Lina se acercó y la abrazó.
—No te pongas nerviosa, estaré contigo.
Valeria respondió con un hilo de voz, angustiada:
—De acuerdo.
A un lado, Rafael permanecía en silencio, con una expresión inusual en él.
Los tres llegaron a la puerta del quirófano y Rafael se detuvo en seco. Lina entró tomada del brazo de Valeria, y la puerta del quirófano se cerró pesadamente tras ellas.
...
En el Tribunal de Justicia de San Aurelio, el martillo del juez sentenció el caso: ¡en la demanda por la violación de una menor, la parte demandante había ganado!
Cuando Santiago salía de la sala, los padres de la víctima corrieron detrás de él.
—¡Abogado Rodríguez, gracias!
La pareja de mediana edad, de aspecto humilde y rasgos demacrados, se arrodilló en el suelo ante Santiago, dándole las gracias una y otra vez con la cabeza inclinada.
Un gesto de sorpresa cruzó el rostro de Santiago mientras se adelantaba para tratar de ayudarlos a ponerse de pie. Con una expresión seria y voz grave, dijo:
—Este es mi deber como abogado. No tienen por qué hacer esto.
La mano de Santiago que sujetaba el volante se apretó de repente.
—¿Y qué hacía ella en ginecología?
—¡Pues qué crees que se hace en ginecología! —gruñó Andrés con desprecio—. Fue con Rafael. ¡Te dije que no tenía buenas intenciones! ¡Está intentando asegurarse un lugar con un embarazo fuera del matrimonio! La familia Jiménez es gente de abolengo, ¿cómo iban a fijarse en una mujer como ella? ¡Ese Rafael no es más que un joven ingenuo al que nunca ha engañado una mujer! Si Valeria piensa que va a escalar en la sociedad por tener un hijo, está completamente loca...
Santiago ya no escuchó nada de lo que Andrés dijo después. Colgó furioso y arrancó el auto en dirección al hospital.
Durante todo el camino, no dejaba de repasar los comportamientos extraños de Valeria últimamente.
¿Cuándo había empezado todo? Se puso a pensar. Debió de ser la noche de Año Nuevo. Era evidente que no se sentía bien, pero en ese momento él lo atribuyó a un simple berrinche y no le dio más importancia al asunto.
Luego, cuando Nicolás estuvo en el hospital, vomitó al oler el pescado.
Y también cuando Nicolás le lanzó aquel objeto y ella, por instinto, se protegió el vientre...
Al repasar ahora cada uno de esos detalles, pieza por pieza, la respuesta se formó con una certeza casi absoluta en la mente de Santiago.

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