Paz preguntó:
—Noah, ¿me dejas ver tu habitación?
Él le respondió que sí. Entonces, Brisa sonrió al escucharlos.
—Vamos, los llevo.
Los dos niños subieron tomados de la mano, acompañados por Brisa. Valeria recogió la ropa que había traído y estaba por seguirlos cuando Susana la llamó.
—Señorita, necesitamos hablar.
Valeria se detuvo y la miró.
—Noah es un niño muy maduro e inteligente. Ojalá que sus celos no interfieran con el desarrollo del pequeño.
Ella sonrió, con la mirada helada.
—Por lo que veo, la que parece tener celos aquí es usted.
Susana hizo mala cara.
—Ya hablé todo lo necesario con Santiago. Si le parece que estoy actuando mal, puede discutirlo con él. A partir de ahora, no hace falta que finja llevarse bien conmigo. Su novio no me importa para nada, así que mejor no se entrometa con mi hijo.
Después de decir esto, ignoró a Susana y subió las escaleras. En el segundo piso, en el cuarto que estaba junto a la habitación principal, se escuchaban las risas y juegos de los niños. Santiago estaba parado en la puerta, observando con ternura a sus hijos.
Paz saltaba en la cama de Noah,
—¿Duermes solito por las noches?
Él estaba sentado en la cama, con su carita seria.
—Sí.
—¿Y quién te lee cuentos antes de dormir?
—Papá.
Ella se quedó quieta. Se agachó y se acercó gateando hacia su hermano.
—¿Ese hombre tan serio cuenta historias bonitas? Todo tieso como está, ¿te puedes dormir escuchándolo?
El pequeño parpadeó y, con expresión seria, dijo:

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