Paz asintió, le dirigió otra mirada fulminante a Santiago y salió del estudio por su cuenta.
Valeria llamó a Brisa para que cuidara a Paz. Esta subió a buscar a la niña y la llevó abajo. El estudio quedó en silencio. Entonces, ella habló:
—Santiago, lo he pensado y voy a luchar por la custodia de Noah.
Él la miró.
—Ya te dije que Noah se queda conmigo, pero puedes venir a verlo cuando quieras.
—No estoy de acuerdo con tu forma de criarlo. —Fue directa—. Tampoco confío en Susana, así que voy a pelear.
Santiago la miró y, después de un momento, preguntó:
—Leonel ya te lo contó todo, ¿verdad?
—No quiero involucrarme en sus problemas.
El tono de Valeria fue decidido.
—Solo me importan mis hijos. Santiago, traté de confiar en ti y en la señorita Alba, traté de llevarme bien con ella por el bien de los niños. Incluso, me convencí de que debía confiar en que como padre tratarías bien a los niños. Pero una vez más me decepcionaste.
—La situación de los Rodríguez es complicada —Santiago explicó—: Noah es un niño muy inteligente, puede soportar todo lo que he planeado para él.
—¿Soportar? —ella lo miró y le preguntó, con una sonrisa fría—: ¿Tu idea de "soportar" es convertirlo de un niño que conoce la alegría en una persona fría y calculadora como tú, que solo ve intereses?
Santiago apretó los labios, con la mirada puesta Valeria. El lugar se quedó en silencio. Luego, ella le preguntó:
—¿Sabes por qué traje a Paz hoy?
Él arrugó la cara.
—¿Por qué?
—Porque también anhela recibir la atención de su papá. —Lo miró a los ojos—. Pero cada vez que te encuentras a Paz, tu actitud es muy rígida. Ni siquiera puedes distinguir si te está haciendo cariños o si está enojada.
Santiago tragó saliva.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás