¿Susana?
Valeria levantó las cejas, se acercó y la miró con cuidado. La mujer tenía una figura alta y elegante; vestía un moderno vestido negro; llevaba el cabello largo recogido de manera casual con una horquilla; tenía facciones delicadas, sin ser espectaculares, pero destacaba por su piel blanca y su presencia fuerte.
Después de intercambiar miradas con ella, Valeria habló, con tono calmado:
—Señorita Alba, lo siento mucho, pero no la conozco. Como mamá del niño, no puedo entregar a mi hijo a cualquiera, solo por mencionar al papá del niño.
Susana sonrió.
—Lo entiendo perfectamente.
Sacó su celular y marcó el número de Santiago. Lo puso el altavoz. El celular apenas se escuchó antes de que contestaran. Del otro lado, llegó la voz del hombre.
—Susana, ¿ya recogiste al niño?
—Santiago, resulta que la señorita Núñez y su familia no confían en mí, así que necesitas hablar directamente con la señorita.
—Está bien, pásale el celular.
Ella le entregó el celular. Valeria bajó la vista hacia el celular; su voz contenía un toque de ira.
—Santiago, ¿qué pretendes con esto?
—Yo le pedí a Susana que fuera a recoger a Noah por mí. —Él habló con tono tranquilo, como si estuviera hablando de algo normal.
Pero para Valeria, eso significaba que él estaba compitiendo con ella por su hijo ¡y, además, había enviado a una mujer desconocida para ayudarlo a quitárselo!
—Se fue Dulce ¿y ahora contratas a una Susana? —Valeria soltó una risa amarga—. Santiago, si no tienes paciencia, ni tiempo para cuidar y acompañar personalmente a tu hijo, ¡mejor entrégamelo!
—El registro de Noah está bajo los Rodríguez. —La voz de Santiago sonaba seria—. Ahora él es el futuro heredero de los Rodríguez, debe quedarse con su familia.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Para ti nuestro hijo es solo una herramienta para heredar la fortuna familiar?
Del otro lado, él suspiró.
—Valeria, no es así. Estos dos niños son nuestros hijos. Ya que nos divorciamos, uno para cada uno es lo más justo.
—Nuestra hija es más delicada, me siento más tranquilo si tú la crías; pero al niño, espero poder criarlo yo. Por supuesto, no voy a limitar tu contacto con él. Si quieres ver a tu hijo, puedes venir cuando quieras.
Valeria miró fijamente el celular, la ira ardía en sus ojos. Sabía que hablar más no tendría ningún sentido. Santiago siempre pensaba primero en los intereses. Ya había decidido criar a Noah como heredero, así que definitivamente se llevaría a Noah.

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