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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 433

—Pero eso fue solo en el pasado.

Valeria abrió los ojos, lo miró con una expresión serena.

—Desde que Mariana regresó al país, decidí dejarte. Todo lo que pasó después mató poco a poco hasta el último rastro de sentimientos que tenía por ti.

Los ojos de Santiago se fueron apagando conforme Valeria hablaba.

—Santiago, el hecho de que te haya amado durante esos cinco años de matrimonio fue doloroso, pero no me arrepiento. También llegué a valorar muchísimo ese sentimiento, pero después, cuando me lastimaste una y otra vez y me pisoteaste por Mariana, por Nicolás, empecé a sentir que amarte era algo muy patético...

—Empecé a odiarme por no tener dignidad, empecé a odiar el hecho de amarte... Después, decidí dejarte y no amarte más. En ese proceso luché conmigo misma, incluso no quería quedarme ni con el bebé... Santiago, nunca vas a saber qué tan frío era el viento en Río Silvianor. Tampoco vas a saber nunca cómo se siente entrar tres veces al quirófano. Y mucho menos vas a saber cuánto me odié a mí misma cuando me enteré de que perdí a mi hijo. Me odié, ¡me odié por haberte amado!

El corazón de Santiago se contrajo de repente. La miró sin saber cómo responderle.

—Santiago, tú me enseñaste lo que significa “del amor al odio”, ¿y ahora me dices que no entiendes por qué llegamos a este punto?

En ese momento, Valeria no pudo evitar reírse. Entre risas, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

En sus ojos llenos de lágrimas se agitaba el odio.

—¡A veces tengo ganas de sacarte el corazón para ver de qué está hecho!

Santiago se quedó sentado en el sofá, mirando a Valeria en silencio. Después de un largo rato, dijo con resignación:

—Acepto que me odies, pero aun así no puedo dejarte ir.

Las emociones de Valeria estallaron al instante.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué sigues molestándome?! Santiago, ¿no fui lo suficientemente clara? ¡Ya no podemos volver! No podemos volver, ¡déjame en paz! ¡Déjame ir!

—Ya te dije: una semana. —Santiago se levantó y caminó hacia ella.

Valeria no quería estar cerca de él y retrocedió varios pasos.

Santiago arrugó la frente y le agarró la muñeca, jalándola hacia él.

—Santiago, suéltame.

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