Se escuchó un estruendo en toda la habitación cuando el celular se hizo pedazos.
Mariana se cubrió la cabeza con las manos y se puso en cuclillas, soltando un grito desgarrador. Las imágenes dolorosas y sangrientas de cuando tenía diecisiete años volvieron a invadir su mente.
—¡Amanda, te odio! ¡Te odio!
Gritaba con el alma , tirándose del cabello con desesperación. Pero, el dolor en el cuero cabelludo no era suficiente para calmar sus nervios. Levantó la cabeza, mirando a su alrededor.
De repente, se detuvo, se levantó y corrió hacia la barra. ¡Agarró el florero y lo estrelló contra el suelo con todas sus fuerzas! Los fragmentos volaron por todas partes y los ojos de Mariana brillaron de forma extraña. Corrió a recoger un pedazo del suelo y se lo clavó en el brazo.
—¡Mariana!
Sara gritó horrorizada y corrió a detenerla. Pero era demasiado tarde. ¡La sangre brotaba de la herida!
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué divertido, qué divertido!
Ella se reía con una expresión perturbadora.
—Matar, matar a todos.
Tenía los ojos desorbitados, clavados en la sangre, cada vez más eufórica. Sara temblaba mientras le sostenía la mano, nunca la había visto así.
—Mariana, no... no hagas eso, cálmate por favor...
Ella ladeó la cabeza y cambió de expresión. Al ver la sangre, comenzó a llorar.
—Perdón, no fue a propósito, de verdad que no fue a propósito. Perdón, perdón, ¿me perdonas? ¿Me perdonas por favor...?
Sara se quedó desubicada. ¿Qué... qué estaba pasando? Antes de que pudiera reaccionar, Mariana se desplomó en el suelo.
—¡Mariana!
***
Mariana se había desmayado y Sara no se atrevía a llamar a emergencias. Le marcó a Valentín. Este llegó al hotel con un médico privado. Luego, sonó el timbre. Sara, que estaba cuidando a Mariana en el dormitorio, se levantó para ir a ver quién era, cuando alguien le agarró la muñeca.
Se volteó y vio que ella se había despertado.

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