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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 413

Valentín llevó a Mariana y Alejandra a conocer al gran jefe de la compañía, Maximiliano.

Este quedó muy impresionado con Alejandra y rápidamente pidió a su asistente que trajera el contrato. Cuando ella vio el documento, lo primero que hizo fue revisar el bono. Al ver la cifra, ¡se emocionó demasiado! ¡Eran cinco millones de dólares!

Las otras compañías, que la habían intentado convencer antes, no habían ofrecido más de tres millones. Alejandra sintió que había ganado la lotería y firmó sin dudarlo. Después de recibir ese generoso bono, ¡Inmediatamente le transfirió ochocientos mil dólares a Mariana!

Ella se sorprendió al ver la cantidad. Entonces, Alejandra le tomó la mano y le susurró:

—Te di trecientos mil extra, pero cuando volvamos, ayúdame a ocultárselo a mi abuela. Dile que el bono fue de tres millones, ¿está bien?

Mariana entendió inmediatamente. Los Núñez favorecían a los hombres sobre las mujeres, así que Sandra probablemente no dejaría que se quedara con ese dinero. Alejandra quería guardarse algo para sí.

—No te preocupes —dijo, encantada con los trecientos mil extra—. ¡Te apoyo!

—¡Gracias, prima querida!

***

Con el dinero en mano, esa misma noche Mariana se mudó a la suite presidencial del hotel cinco estrellas de San Aurelio. La tarifa exorbitante de dos mil ochocientos dólares por noche de un mes la pagó por adelantado. Sara vio cómo Mariana se gastó más de ochenta mil dólares de una vez y se sintió mal por el gasto.

Pero recordando que ella era una gran estrella, le pareció normal. Total, ese dinero Mariana lo podía recuperar fácilmente con cualquier comercial.

Lo primero que hizo al llegar, fue darse un baño relajante. Después de todo el ajetreo del día, estaba muy agotada. Apenas había terminado de bañarse y se iba a servir una copa de vino para dormir mejor, cuando sonó su celular. ¡Era Amanda!

La expresión de Mariana se ensombreció. Cada vez que veía ese nombre en la pantalla le daba pánico. No quería contestar, pero sabía que ella no la dejaría en paz. Al tercer tono, contestó conteniendo toda su rabia.

—No tengo dinero —dijo, con irritación—. ¡De verdad que no tengo nada!

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