Después de un largo rato, contestaron.
—¿Amanda?
Al escuchar esa voz masculina, ella contuvo la respiración. Apretó con fuerza la mano que sostenía el celular. La persona del otro lado no podía escuchar su voz y, algo desesperado, dijo:
—Amanda, sé que eres tú. ¿Me estás llamando porque tienes algún problema? Tranquila, con que me digas una sola palabra, te ayudaré sin dudarlo.
En la mente de Amanda apareció la imagen de esa noche tormentosa cuando Jorge cayó del segundo piso... Su respiración se volvió temblorosa y su voz también.
—Necesito que me hagas otro favor. Cuando... cuando todo termine, te... te daré más dinero.
—Amanda, no hablemos de dinero.
—¡Lo único que puedo darte es eso! —Ella apretó los dientes, conteniendo a duras penas su irritación—. Alejandro, de verdad no tenía otra opción más que buscarte de nuevo. No me hagas las cosas más difíciles.
Del otro lado, el hombre guardó silencio y finalmente respondió, con voz grave:
—Está bien, haré lo que tú digas. Dime, ¿qué quieres que haga?
Se escuchó un trueno... Afuera, un rayo partió el cielo en dos. La luz del relámpago atravesó el cristal e iluminó la cara de Amanda. Los ojos de la mujer brillaron con una luz siniestra y su voz se escuchó fantasmal.
—¡Quiero que me ayudes a matar a otra persona!
***
Una lluvia repentina se llevó la nieve acumulada en la ciudad y despertó el aroma de la primavera. En el horizonte, comenzaba a asomarse el amanecer. La estación meteorológica anunció que sería un día soleado. Rafael se levantó a las seis para su trote matutino. Cuando regresó a las siete, Valeria bajaba las escaleras. Ese día se había maquillado, lo que la hacía verse más animada.
Él arqueó las cejas.
El camión de carga pasó rozando el auto, perdió el control y volcó. El auto giró trescientos sesenta grados. El estridente sonido de los frenos se detuvo abruptamente. Dentro del auto, Valeria tenía los ojos abiertos, agarraba con fuerza el cinturón de seguridad y su cara estaba pálida...
Rafael respiró profundamente y al instante siguiente se desabrochó el cinturón, puso ambas manos sobre los hombros de Valeria y la examinó de arriba a abajo.
—¿Cómo estás? ¿Te lastimaste en algún lado?
Ella tardó un buen rato en recuperarse y negó con la cabeza.
—¡Menos mal que no te pasó nada! —Él cerró los ojos y suspiró con gran alivio.
¡Por muy poco! ¡Por muy poco ese camión los habría golpeado! Si los hubiera impactado, las consecuencias... ¡Rafael ni siquiera podía imaginárselas! Ambos tenían la sensación de haber sobrevivido a una tragedia y no se dieron cuenta de que, no muy lejos, del camión volcado salía un hombre por la ventana del asiento del conductor.
El hombre vestía de negro, llevaba una gorra y una mascarilla. Además, caminaba hacia el Land Rover. El arma apuntó hacia Valeria a través del parabrisas. Al instante, el parabrisas se hizo pedazos... Valeria sintió que todo se volvía negro ante sus ojos. Alguien la abrazó con fuerza y los disparos resonaron. Pero el mundo también quedó en silencio en ese mismo instante...

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