Valeria no expresó opinión alguna durante todo el proceso.
Como una máquina, acompañó al padre y al hijo a tomarse fotos en la playa, afuera de la iglesia y en varios puntos. Lina y Emilio se quedaron a un lado viendo a esta "familia de tres": una con expresión furiosa, el otro incómodo y resignado.
Cerca de las once de la mañana, la sesión de fotos terminó. En Accra, se llegaba al momento de mayor temperatura del día. El sol sobre sus cabezas se volvía cada vez más intenso. Valeria, que era de piel muy blanca, tenía las mejillas sonrojadas por el calor.
Se llevó la mano a la frente para limpiarse el sudor. Cuando iba a buscar a Lina, una botella de agua apareció frente a ella. Santiago la miró.
—Toma un poco de agua.
Valeria le echó una mirada indiferente, no extendió la mano para tomarla, sino que le preguntó con frialdad:
—Ya terminamos las fotos, ¿puedo irme?
—Falta una parte más. —La voz era grave—. En la iglesia, el personal tiene todo listo.
Ella soltó una risa.
—La ceremonia de divorcio, ¿verdad?
Él se detuvo un momento, luego arqueó una ceja.
—Así que, también lo sabes.
—Santiago, eso es solo una leyenda. —La voz de Valeria era fría. Luego le recordó—: Aunque fuera real, ¿para qué lo haces?
Santiago la miró con ojos profundos.
—Después de hoy, ya no será una leyenda.
—Eres ridículo. —Ella apartó la mirada—. Voy al baño.
Esta era la primera "ceremonia de divorcio" encargada por latinos que recibía desde que se hizo pastor. El esposo había pagado una fortuna para reservar toda la playa y la iglesia. También había pagado mucho dinero para que él viniera a oficiar esta "boda". Pero, el pastor no vio a la esposa y le preguntó a Santiago:
—Señor Rodríguez, ¿dónde está su esposa?
Cuando terminó de hablar, las puertas de la iglesia se abrieron. Todos voltearon al escuchar el sonido. Valeria, vestida con un vestido negro, caminó por la alfombra roja. Santiago al ver esta escena, arrugó la frente. Nicolás miró a Valeria vestida así y se molestó.
—¡¿Por qué mamá se quitó el vestido de novia?! Vestida toda de negro, para nada se ve... ¡Mmm!
Emilio le tapó la boca y le dijo en voz baja:
—Tesoro mío, mejor ya no hables, ¡la situación ya está bastante complicada!
Cambiar el vestido de novia por uno sencillo. Emilio por fin reaccionó. Con razón Valeria había estado tan calmada, ¡tenía todo preparado! Desde el principio, había adivinado lo que Santiago quería hacer, y no pensaba seguirle el juego. Esa ceremonia de divorcio tal vez se llevaría a cabo hasta el final, pero cómo se haría ya no dependería de lo que dijera Santiago.
¡Valeria ya no pensaba seguirle más la corriente!

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