Se abrió la puerta del auto. Santiago subió a toda prisa con Valeria en brazos.
Emilio cerró la puerta, rodeó el vehículo y se subió al asiento del conductor.
Lina salió corriendo como loca y se plantó justo frente al auto con los brazos extendidos.
—¡No pueden ir al hospital!
Emilio arrugó la frente, bajó la ventanilla y sacó la cabeza.
—Si se desmayó, ¿cómo no la vamos a llevar a que la revisen?
—¡Yo me encargo de Valeria! Solo se desmayó por la intensidad emocional, ¡ella no necesita ir al hospital!
Emilio notó lo nerviosa que estaba Lina y sintió que algo no cuadraba en todo esto. Estaba a punto de preguntarle cuando escuchó una discusión desde el asiento trasero.
—¡Santiago, suéltame!
—Primero cálmate. Te desmayaste, solo quiero llevarte al hospital.
—¡No necesito ir al hospital! ¡Suéltame!
Valeria solo había perdido el conocimiento brevemente. Al despertar y verse en los brazos de Santiago, se alarmó demasiado. ¡Solo quería alejarse de él de inmediato!
La curiosidad de Emilio se encendió como fuego. Sin poder evitarlo, echó miradas disimuladas por el espejo retrovisor.
En el asiento trasero, Valeria mostraba un rechazo absoluto hacia Santiago, pero él tampoco cedía.
Los dos forcejeaban sin cesar. Valeria, furiosa, levantó la mano y le dio una cachetada.
El sonido resonó en el auto y todo quedó en completo silencio.
Emilio apartó la vista enseguida, carraspeando algo incómodo.
Pensó que definitivamente no debería estar ahí...
De pronto, sonó un celular. Era el de Santiago.
Al ver quién llamaba, su expresión ya sombría se oscureció aún más.
Era Mariana.
Valeria alcanzó a ver la pantalla y aprovechó el momento para empujar a Santiago, girándose para abrir la puerta.
Clic.
La puerta se abrió y bajó rápidamente.
Lina corrió hacia ella, mirándola con preocupación.
—¿Estás bien?
Valeria negó con la cabeza.
La puerta se cerró, silenciando así la voz de Santiago al contestar el teléfono.
Lina echó una mirada al asiento trasero y murmuró despectiva:
—Santiago está loco. ¿Cree que hacer dos robots compensa todo? ¡Qué forma de pensar!
Valeria se presionó las sienes palpitantes.
—Si me trajo a Ghana solo para esto, hasta podría decir que tuvo un gesto de conciencia.
—Santiago, ¿qué crees que perdí?
Él quedó desconcertado.
—Los muertos no pueden volver a la vida.
La voz de Valeria era serena.
—Admito que perder a mis seres queridos me causa un dolor inmenso. Me he deprimido por eso, incluso me he dejado llevar por la desesperación, pero no al punto de confundir la realidad con la fantasía. Por más realista que sea una máquina, esta sigue siendo solo eso: una máquina. La inteligencia artificial puede replicar mis recuerdos, pero jamás podrá duplicar por nada del mundo mis sentimientos.
Hizo una pausa, respirando profundo para controlar sus emociones antes de continuar:
—Santiago, no me importa cuál sea tu verdadera intención con este proyecto, pero te lo digo claramente ahora: no necesito depender de este tipo de máquinas para sanar mi dolor emocional. Sé que es brutal y difícil de sobrellevar, pero lo superaré de la mejor manera. Es solo cuestión de tiempo. Así que rechazo tu regalo.
Santiago la observó arrugando la frente, sus ojos negros impenetrables.
Después de unos minutos, dijo con severidad:
—Pensé que al menos este proyecto podría compensar algo de lo que perdiste.
—La vida siempre tiene pérdidas irreparables. Si quiero seguir viviendo, tengo que aprender a aceptarlas. Pero jamás los perdonaré, ni a ti y ni a Mariana.
La voz de Valeria era sombría. No quería seguir discutiendo este tema con Santiago, así que fue al grano sobre el verdadero motivo del viaje.
—Mañana será el tercer día —le recordó—. Lo que sea que quieras que haga, ya puedes decírmelo, ¿no crees?
Santiago con expresión indescifrable, la observó fijamente.
La brisa marina agitaba el cabello de Valeria, haciendo que algunos mechones cayeran sobre sus mejillas.

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