—¡Que no se te ocurra pensar que Valeria perdonará a Santiago por esto!
Lina furiosa tomó el pañuelo mientras se secaba las lágrimas y le lanzó una mirada asesina a Santiago.
—No importa qué tan avanzada sea la tecnología, jamás podrá llenar el inmenso vacío que dejó Yolanda en el corazón de Valeria. Por más auténtica que parezca esa cena de reunión familiar, ¡sigue siendo una completa mentira!
Emilio nervioso se mordió el labio y suspiró. Aunque Lina tenía toda la razón, esto era lo máximo que Santiago podía ofrecer en este momento.
No se puede revivir a los muertos.
Emilio observó con detenimiento a Santiago.
Desde que habían entrado, él no había pronunciado palabra. Sus ojos oscuros permanecían clavados en Valeria dentro de la sala, sus facciones marcadas y la mandíbula completamente rígida.
Nadie podía adivinar qué pasaba por su mente en ese instante.
***
Dentro de la sala de experiencia, Valeria saboreó con agrado el plátano frito. Ese sabor tan familiar la invadió enseguida. Antes de poder pasarlo, un gusto amargo y dulzón le subió por la garganta. Lo pasó con esfuerzo, pero en un abrir y cerrar de ojos su fortaleza emocional se vino abajo.
Su mente racional le gritaba ansiosa que nada de esto era real.
Su abuelo y su madre se habían ido para siempre...
—Valeria, hoy compartiremos esta última cena juntas. Con esto, nuestra historia como madre e hija habrá llegado a su fin.
Valeria contempló a Yolanda mientras las lágrimas le empañaban la vista. Parpadeó intentando con todas sus fuerzas aclarar su visión, pero apenas duraba unos segundos antes de volver a nublarse.
Las lágrimas recorrían sus mejillas sin cesar, humedeciendo el cuello de su vestido.
—Tu abuelo y yo estaremos bien en este lugar. No te martirices más y mejor enfócate en tu futuro, ¿me lo prometes?
Valeria sacudió la cabeza.
—No me estoy martirizando. Es que... los echo tanto de menos. Necesito que me den un abrazo más...
Yolanda se le acercó y la envolvió en sus brazos.
Ese abrazo sin sustancia era la despedida más dolorosa de todas.
La escena comenzó a disolverse de forma gradual ante sus ojos.
La voz del abuelo resonó suavemente en sus oídos.
—Valeria, tu madre y yo ya cumplimos nuestro tiempo en este mundo, pero tu historia apenas comienza. Sigue adelante con la frente en alto. Nosotros te cuidaremos desde donde estemos. Avanza sin miedo. En nuestra próxima vida, volveremos a mimarte como te mereces.
En la próxima vida...
—Valeria, siempre te apoyaré. No te preocupes, sigue adelante sin temor.
Ella ya no pudo contenerse y se aferró con todas las fuerzas a los dos androides mientras sus sollozos contenidos se transformaban en un llanto desgarrador.
Lina irrumpió en la sala y alcanzó a sostener a Valeria justo cuando sus piernas cedían. ¡Había perdido el conocimiento!
Lina no tenía fuerzas para sostenerla sola y cayó de rodillas, llorando con desesperación.
Santiago llegó con pasos firmes, se inclinó y la tomó en brazos de un solo movimiento.
—Espera, ¿qué crees que haces?
—Vamos al hospital. —Santiago giró y salió rápidamente.
Desde la puerta, Emilio reaccionó de inmediato y salió corriendo.
—¡Voy por el auto!
—¡Santiago, para ahora mismo! ¡Valeria no puede ir al hospital!
Lina salió corriendo detrás de ellos.
¡De ninguna manera podían ir al hospital! ¡Si iban, todo se descubriría!

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