Pero en la memoria de Amanda, ella y Valeria nunca se habían visto antes.
Aunque sí había visto varias veces a la inútil madre de Valeria, una estúpida exesposa abandonada por la alta sociedad. Amanda nunca le había prestado atención a Yolanda.
Pero la hija de Yolanda...
Amanda retiró la mano, se alisó el cabello recogido y evaluó de manera disimulada a Valeria.
Tenía que admitir que comparada con Yolanda, era mucho más hermosa y elegante, y también más inteligente.
¿Pero qué importaba? ¡Aun así había perdido contra su hija!
Tanto Yolanda como Valeria estaban destinadas a ser derrotadas por ella y su hija. Pensando en esto, Amanda mostró cierto aire de superioridad.
Miró a Valeria y sonrió.
—No nos conocemos, pero mucha gente me pregunta lo mismo. Quizás tengo parecido con todo el mundo.
¿Cara de todo el mundo?
Amanda no tenía para nada una cara de todo el mundo, sus rasgos eran muy parecidos a los de Mariana, con esos ojos tan seductores.
Valeria no estaba segura si le resultaba familiar por Mariana o si en realidad la había visto antes...
—¡Mamá!
Nicolás le jaló la falda, Valeria volvió en sí y bajó la mirada hacia él; aún tenía los ojos rojitos de tanto llorar.
—Mamá, ¿esta noche no tienes que trabajar? Si no trabajas, ¿puedo irme contigo a casa?
Valeria con gentileza apartó su manita.
—Nicolás, ya te dije que no me llames mamá.
Él hizo pucheros y la miró con cara de pena.
Valeria alzó la mirada hacia Amanda.
—El niño casi choca con el carrito, llevaba sopa hirviendo.
Al escuchar esas palabras, Amanda cambió un poco de expresión. ¿Valeria la estaba regañando por no cuidar bien a Nicolás? ¡Era una madre adoptiva, qué derecho tenía de hacerlo!
Amanda se sintió muy molesta, pero mostró una actitud humilde.
—Lo siento, fue mi descuido, estaba adentro contestando una llamada, no pensé que Nicolás saldría de repente. Esta vez fue gracias a la señorita Núñez y su amiga, si no las consecuencias habrían sido terribles.
—Abuela, ¿cómo lo sabes? ¡Solo mi mamá Mariana y yo lo sabemos! ¿Acaso te lo dijo mamá Mariana?
—No, tu mamá no me dijo nada.
Amanda sonrió y bajó la voz.
—No solo sé que Valeria está esperando un bebé, también sé que por ese bebé, ella ya no te quiere.
Nicolás abrió los ojos estupefacto, observando a Amanda con admiración.
—¡Abuela, eres increíble! ¿Cómo lo supiste?
Amanda tomó la mano de Nicolás.
—Ven, te llevaré a un lugar especial, cuando llegues ahí entenderás por qué soy tan increíble.
—¡Sí, sí! —Nicolás respondió emocionado.
Amanda llevó a Nicolás hacia el ascensor.
Detrás de ellos, en el suelo, el transformer roto con las piezas esparcidas quedó abandonado, esperando en vano que su dueño se diera la vuelta para mirarlo una última vez.

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