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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 148

—Por celular es lo mismo —dijo Valeria con severidad.

La verdad no quería volver a ver a Santiago para nada. Pero él se mantuvo firme.

—Esta noche tomé, así que no saldré. Ven a Residencial Las Palmas.

Después de decir estas palabras, cortó la llamada.

Valeria agarró con fuerza el celular.

Lina preguntó preocupada:

—¿Qué dijo?

—Que vaya a Residencial Las Palmas a buscarlo, que hablemos cara a cara.

—¡Qué desgraciado! —Lina se enfadó—. Lo está haciendo a propósito, ¿verdad? La vez pasada dijiste que nunca más volverías a ese lugar, y ahora él insiste en que vayas ahí para negociar las condiciones. ¡Qué tipo tan rastrero!

Valeria cerró los ojos tratando de calmarse.

La última vez que fue a Residencial Las Palmas las cosas terminaron muy mal.

Frente a Santiago le había dicho a Nicolás que no volvería más a Residencial Las Palmas.

Santiago seguro guardaba un profundo rencor por ese tipo de cosas. ¡La estaba forzando a tragarse palabra por palabra todo lo que había dicho!

Ese era el verdadero estilo de Santiago.

—Valeria, ¿vas... a ir?

—Sí —Valeria mostró una fuerte determinación—. Ya hice el papel de tonta durante cinco años, ¿qué importa una vez más?

Lina se sintió dolida e impotente.

—Te acompaño, él solo dijo que fueras, ¡no dijo que no pudieras llevar a nadie!

—Sí, perfecto.

Las dos se pusieron de acuerdo, pagaron la cuenta y salieron del salón privado. Justo en ese momento, se abrió también la puerta del salón de al lado.

De pronto, el pequeño Nicolás salió corriendo y saltando...

Valeria y Lina se detuvieron en seco. Encontrarse con el niño en este lugar las tomó por sorpresa.

Nicolás no las había visto, llevaba un transformer en las manos, corriendo y saltando, sin darse cuenta de que un mesero empujaba un carrito con comida justo delante de él...

El carrito llevaba sopa hirviendo, el mesero vio a Nicolás y gritó alarmado:

—¡Quítate de ahí!

—¡Mamá! —Nicolás soltó a Amanda y corrió hacia Valeria, la cara que tenía llena de lágrimas de repente se iluminó con una linda sonrisa—. Mamá, perdón, pensé que eran otras personas, no sabía que eras tú.

Lina miró a Nicolás con disgusto, sintiendo que hasta los ganadores del Oscar palidecían al lado de este niño.

Pero Valeria no estaba mirando a Nicolás. Toda su atención estaba puesta en Amanda. No sabía por qué, pero ella le resultaba algo familiar.

Amanda también se sorprendió un poco al ver a Valeria.

Bajó la mirada, un destello sombrío pasó por sus ojos, luego curvó sus labios y miró a Valeria con una sonrisa radiante.

—Nicolás te dice mamá, así que tú debes ser la señorita Núñez. Cuidaste a Nicolás durante cinco años, ¿verdad?

Se acercó y extendió la mano hacia Valeria.

—Señorita Núñez, mucho gusto, soy la abuela de Nicolás, es decir, la mamá de Mariana. Santiago y Mariana me han contado que cuidaste muy bien a Nicolás desde su primer mes de nacido, como su abuela, quiero agradecerte.

Valeria se mantuvo seria, mirando a Amanda de arriba a abajo.

No le estrechó la mano, solo preguntó:

—¿Nos conocemos?

Amanda quedó pasmada, como si no esperara que Valeria preguntara ese tipo de cosas.

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