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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 143

Daniel los guio hasta la puerta de la oficina de Santiago y tocó.

—Adelante.

Desde adentro se escuchó la voz profunda del hombre. Daniel abrió la puerta, entró unos cuantos pasos.

—Señor Rodríguez, vinieron la señorita Núñez y el señor Rafael.

Al oír esto, Santiago, que estaba parado frente al ventanal, se dio vuelta, entrecerró sus ojos, miró ligeramente a Rafael y después clavó con severidad la vista en Valeria.

—Esto es un asunto privado entre nosotros, que espere afuera la gente ajena.

Valeria hizo mala cara.

—Rafael no es gente ajena.

—¿No es gente ajena? —Santiago sonrió con frialdad—. ¿Cómo? ¿Ya tiene un lugar oficial contigo?

Valeria no quiso discutir con él, se volteó hacia Rafael.

—Espérame afuera.

Rafael le echó una mirada furiosa a Santiago, después miró a Valeria.

—Tranquila, estaré justo al lado de la puerta. Si se atreve a maltratarte, ¡grita y entro corriendo!

Valeria se conmovió y le sonrió.

Santiago al ver que ella tenía esa faceta tan tierna con Rafael, entrecerró los ojos. Valeria caminó a paso largo hacia la oficina.

Daniel cerró la puerta detrás de ella.

Rafael se quedó parado afuera sin moverse. Daniel lo invitó a descansar en la sala de espera, pero él se plantó como un guardián, rechazándolo con seriedad.

—No quiero, ¡me quedaré aquí! ¡Quién sabe si ese jefe loco de ustedes va a maltratar a Valeria!

Daniel se sintió algo incómodo, se acomodó un poco los lentes, pero no dijo nada más. Se quedó callado a un lado.

Dentro de la oficina.

Santiago se volteó a verla, enfurecido.

—Espera un poco más, necesitas darme algo de tiempo.

Valeria ya no tenía ninguna expectativa sobre él.

—Santiagol, desde el momento que se descubrió la verdad sobre Nicolás, perdiste toda credibilidad conmigo.

Valeria lo miró indiferente.

—¡Ahora solo quiero terminar nuestra relación matrimonial!

Santiago se estremeció, suspiró resignado, fue a su escritorio, tomó un contrato y se lo entregó a Valeria.

—Sé que no confías en mí, así que redacté un nuevo contrato, con mi firma, el sello oficial del despacho de abogados, todo está completo. Solo necesitas firmarlo y sellarlo para que este contrato tenga validez legal.

Valeria haciendo mala cara, bajó la vista hacia el contrato en sus manos.

—Léelo —dijo Santiago—. En este contrato, tú eres la mayor beneficiaria.

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