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Señor Rodríguez, la señora declara que ya no dará marcha atrás romance Capítulo 117

Cuando Nicolás se portaba bien era especialmente conmovedor. Valeria apartó la mirada.

—Después de cenar que tu papá venga por ti inmediatamente.

Los ojos de Nicolás se iluminaron y asintió repetidamente.

—¡Está bien, le haré caso a mamá en todo!

—También —Valeria miró a Nicolás con expresión seria—, deja de llamarme mamá.

Nicolás se quedó helado.

—No llamarte mamá... —Hizo un puchero, vio la expresión seria de Valeria, lentamente bajó la cabeza y respondió con desánimo—: está bien.

Valeria retiró la mirada.

—Vámonos.

Rafael asintió.

—Tú ve adelante, yo vigilo a este niño.

Nicolás apenas iba a seguir a Valeria cuando Rafael lo agarró del brazo, levantó la cabeza para fulminarlo con la mirada, con los ojos enrojecidos. Sin embargo, al verlo así, también sintió lástima y suspiró resignado.

—Niño, pórtate bien y no causes problemas, si no te abandono en la calle para que te las arregles solo.

Él asintió, con aire melancólico. Rafael siguió manteniéndose alerta. Al caminar, tomó a Nicolás para que no se acercara a Valeria. Al subir al auto, la puso en el asiento del copiloto y a Luciana y Nicolás atrás.

Al comer, se sentó entre Valeria y Nicolás. Y, aunque, él era un niño pequeño, no era tonto, sabía que Rafael no lo dejaba acercarse a mamá a propósito. Pero si ya se estaba esforzando tanto por ser un niño bueno, ¿por qué Rafael seguía detestándolo? Nicolás no lo entendía. Mordió la cuchara y ladeó la cabeza para mirar hacia donde estaba Valeria.

—Come con concentración. —Rafael le puso una costilla en el plato—. No andes mirando para todos lados.

Nicolás vio la costilla en su plato, con expresión algo resentida.

—¡No quiero comer costillas!

—¡Come lo que te den! —Rafael resopló—. Si no te acostumbras, vete a casa con tu mamá Mariana y que ella te haga lo que quieras comer.

Después de cenar, Luciana dijo que quería ir a caminar por la orilla del río. Valeria también quería ir a ver. Su madre le había dicho que cuando la extrañara, fuera a caminar por la orilla del río. En días de fiesta como este, Valeria no podía evitar recordar a su madre. Todos salieron del restaurante. Pero Santiago aún no le había llamado a Nicolás.

—Nicolás —Valeria lo miró y dijo con voz serena—: Llama a tu papá.

Nicolás no tenía muchas ganas de llamar, pero como mamá se lo pidió, no tuvo más remedio que marcar el número de papá con desgano. Solo que, aunque la llamada se conectó, nadie contestaba.

Nicolás se sintió aliviado en secreto, levantó la barbilla para mirar a Valeria.

—Ma...

Valeria arrugó la frente. Nicolás vio su expresión y se tragó a la fuerza el segundo "má", en vez de eso dijo:

—Mi papá parece que aún no termina de trabajar.

—¡Qué va a estar trabajando en el Festival de las Luces Flotantes! —Rafael puso los ojos en blanco—. Seguro otra vez dejó al niño contigo y se fue con Mariana a vivir su romance.

Eso no era imposible.

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