RUBI MONTENEGRO
En el camino de regreso de Bane Fashion a la mansión, mis manos apretaban el bolso con fuerza, mientras intentaba contener las emociones. Me había enfrentado a Ares. Había dicho "no". Mi corazón todavía latía desbocado por la infinidad de sentimientos, entre ellos el miedo y una adrenalina adictiva de libertad.
Entré a la mansión esperando encontrar a Ares esperándome en la sala con un ejército de abogados.
Pero la casa estaba silenciosa. Parecía la calma antes de la tormenta.
Subí las escaleras, ansiosa por llegar a mi refugio. Mi habitación siempre fue el único lugar donde podía respirar sin sentir el miedo a su juicio o encontrarme con su mirada de desprecio. Abrí la puerta y solté el bolso en el sillón, lista para quitarme aquel enterizo y tomar un baño caliente y relajante.
— Te demoraste.
— ¡Mierda! — Grité del susto, llevándome la mano al pecho.
Ares estaba ahí. Sentado en el borde de MI cama, con las piernas abiertas y los codos apoyados en las rodillas, observándome. Se había quitado el saco y la corbata, y los primeros botones de la camisa estaban abiertos, revelando un poco de su pecho. Dejando de lado su apariencia... ¿qué m****a está haciendo en mi habitación?
— ¿Qué estás haciendo aquí? — pregunté, mi voz revelando mis pensamientos. — Esta es mi habitación. El contrato dice que no puedes entrar aquí.
Ares se levantó despacio. Parecía enorme en ese espacio.
— El contrato... — Se rio. — En él se especifica que tú no puedes entrar a mi habitación, no al contrario. Últimamente, pareces muy apegada al contrato cuando te conviene, Rubi. Pero acabas de firmar un papel con mi enemigo que viola todas las reglas de nuestro acuerdo.
— Yo no violé nada. Solo estoy construyendo mi vida. — Di un paso hacia atrás a medida que él avanzaba. — Esta ala y esta habitación son mías. Sal de aquí, Ares.

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