RUBI MONTENEGRO
TRES DIAS DESPUES...
Abrir los ojos fue un proceso lento, como intentar nadar hacia la superficie despues de estar mucho tiempo bajo el agua. Lo primero que note fue el sonido del monitor cardiaco a mi lado. Lo segundo fue el alivio: aquel dolor punzante, que parecia estar partiendome el craneo por la mitad, habia desaparecido por completo. Mi cabeza se sentia pesada, pero ya no me dolia.
Parpadee despacio, luchando contra la claridad de la habitacion del hospital. Cuando mi vision finalmente se aclaro, gire el rostro hacia un lado.
Ares estaba sentado en un sillon pegado a mi cama, sosteniendo mi mano con sus dos manos. Pero no parecia el Ares Beckett que yo conocia.
En su lugar, habia un hombre completamente exhausto. Su cabello oscuro estaba alborotado, como si se hubiera pasado las manos por el cientos de veces. Llevaba una camisa de vestir arrugada, con las mangas remangadas y la corbata floja y chueca en el cuello. Una sombra oscura de barba de varios dias cubria su mandibula, y las ojeras hundidas y moradas debajo de sus ojos delataban que no debia haber dormido lo suficiente desde que fui internada.
Estaba con la cabeza gacha, con los ojos cerrados.
Aprete sus dedos suavemente.
En ese mismo instante, Ares abrio los ojos y levanto la cabeza.
— Rubi... — susurro.
— Hola — murmure, con la garganta muy seca.
Ares solto un suspiro que parecia haber estado atrapado en sus pulmones durante dias. Se levanto de golpe, se inclino sobre la cama y presiono su frente contra la mia, cerrando los ojos con fuerza. Senti sus manos grandes temblando mientras acariciaban mi rostro. Una lagrima caliente escapo de sus ojos y cayo en mi mejilla. ¿El todopoderoso Ares Beckett estaba llorando de alivio?
— Volviste a mi — dijo, con la voz quebrada rozando mis labios. — Dios mio, crei que me iba a volver loco, Rubi. Nunca mas me hagas esto.
— Estoy bien... — intente tranquilizarlo, levantando la mano para tocar la barba aspera de su rostro. — Te ves pesimo, Ares.
Solto una risa baja y humeda, besando la palma de mi mano repetidas veces.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Señor CEO, su esposa gorda se convirtió en una diosa!