Valentina estaba a punto de acomodarse sobre los cojines mientras Alexander terminaba de preparar la película. Ella bajó la mirada hacia el brazalete que llevaba en la muñeca y no pudo evitar sonreír. Era hermoso, pero lo que realmente la tenía emocionada era que Alexander se lo había regalado después de confesarle que también le gustaba. Todavía no podía creer que finalmente se lo hubiera dicho.
—Listo —dijo Alexander, girándose hacia ella—. ¿Te gustó?
—Sí, mucho —sonrió Valentina mientras levantaba la mirada hacia él.
Alexander se acercó y la rodeó por la cintura, pegándola a su cuerpo.
—Te daré todo lo que quieras, Valentina… —susurró.
Alexander hablaba en serio. Desde el comienzo de su matrimonio, incluso cuando Valentina no sentía lo mismo por él, siempre había querido darle todo lo que estuviera a su alcance. No le importaba que al principio ella lo rechazara o que no quisiera estar con él; para Alexander, eso nunca había cambiado lo que sentía por ella.
Valentina sentía el ardor en sus mejillas. Alexander conseguía que su corazón latiera más rápido de una forma que nunca antes había experimentado.
—Ven, la película está por iniciar —dijo él.
Alexander se apartó un poco y la ayudó a acomodarse sobre los cojines. Después le quitó las zapatillas y se acostó a su lado.
Valentina se mordió el labio. Toda esa noche se sentía diferente. Alexander estaba mucho más atento de lo habitual y, aunque ella se moría por coger con él, parecía que eso ni siquiera estaba en sus planes. Por eso decidió no insinuar nada y simplemente disfrutar de la noche.
La película comenzó, pero Valentina apenas podía prestar atención. Después de unos minutos se acercó más a Alexander y apoyó la cabeza sobre su pecho, mientras entrelazaba una de sus manos con la de él.
Alexander acariciaba lentamente la espalda de Valentina sin apartar la mirada de la pantalla. Sin embargo, al igual que ella, tampoco estaba prestando demasiada atención a la película.
…
Daniel estaba sentado en el sofá de su departamento tomando una cerveza cuando Nikolái llegó y se sentó a su lado.
—Anthony Tarasov ya informó a la facción que está en contra del viejo Pakhan. Les dijo que alguien está protegiendo a Valentina Luna…
—Hart. Es Valentina Hart —corrigió Daniel mientras abría otra lata de cerveza.
—Sí, bueno… —Nikolái suspiró—. Cada vez será más difícil mantener a la esposa de Alexander alejada de la Bratva. No quise decirle nada todavía porque no tengo pruebas suficientes, pero hay algo que me preocupa.
—¿Qué cosa? — Pregunto Daniel, mirando de reojo.
—Creo que esa facción no es la única que está buscando la propiedad. Hay alguien más detrás de todo esto. — Respondió el ruso, tomando una cerveza.
Daniel suspiró con pesadez y bebió un largo trago de su cerveza.
—Necesitamos a alguien que pueda proteger a la señora… Hart, sin llamar demasiado la atención. Alguien que pueda estar a su lado sin que nadie sospeche que en realidad está ahí para cuidarla —dijo Nikolái, tomando un trago de su cerveza—. Tal vez una mujer que parezca completamente indefensa, de esas que necesitan que alguien las proteja…
Daniel lo miró de reojo, empezando a sospechar por dónde iba la conversación.
—¿Y conoces a alguien así? —preguntó con ironía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....