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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 89

Alexander llevó a Valentina de regreso a la mansión Hart. Aunque tenía varios pendientes por resolver, no quería volver a la oficina, no después de saber que su esposa estaba en peligro simplemente por llevar la sangre de Dinora Luna, o mejor dicho, Dinora Dragov.

—No entiendo cómo mi abuela podía pertenecer a la mafia… —susurró Valentina—. Recuerdo que era tan tierna y amorosa.

Alexander arqueó las cejas y la observó durante unos segundos. Ahora entendía de dónde había heredado Valentina aquel aspecto dulce. Su rostro transmitía ternura e inocencia, algo que podía hacer que cualquiera bajara la guardia frente a ella.

—Ve a descansar. Debió ser demasiado difícil para ti pasar por todo esto —dijo Alexander, intentando dejar el tema atrás.

Valentina se giró hacia él y lo observó durante unos segundos. Recordó el momento de tensión que había vivido cuando pensó que iban a secuestrarla. Durante todo ese tiempo, lo único que había podido pensar era en Alexander y en que quizá no volvería a verlo.

—Alexander, ¿nuestra cita queda cancelada? —preguntó Valentina.

A pesar de todo lo que había pasado, todavía recordaba la cita que habían planeado desde la noche anterior.

Alexander tardó unos segundos en responder. Con todo lo ocurrido, había dejado de pensar en la cita y en los planes que tenía para esa noche. Se acercó a Valentina y acarició suavemente su rostro.

—No quiero cancelarla. Solo tendremos que cambiar los planes —respondió— Salir hoy no es una buena idea después de lo que pasó, pero podemos hacer algo aquí. ¿Te parece?

Valentina soltó un suspiro e hizo un pequeño mohín. Quería algo diferente, salir de la mansión y pasar tiempo con Alexander fuera de casa, pero entendía que después de lo ocurrido no era buena idea.

—Está bien. Le diré a Lucía que prepare algo especial… —murmuró, un poco desanimada.

Alexander sonrió y besó su frente. Sabía que Valentina estaba decepcionada porque no podrían salir juntos, y en el fondo le agradaba saber que ella realmente quería compartir una cita con él y que los demás los vieran como un matrimonio de verdad.

—Tranquila, ve a descansar. Yo me encargo de todo, ¿de acuerdo? —dijo mientras acariciaba suavemente sus labios con los dedos.

Valentina sacó lentamente la lengua y rozó con ella las yemas de los dedos de Alexander.

Él sonrió ante el gesto y le metió el pulgar en la boca. Ella empezó a lamerlo despacio, rodeándoselo con la lengua sin quitarle los ojos de encima.

Alexander le sacó el dedo de la boca y le agarró los labios en un beso profundo, metiéndole la lengua hasta el fondo. Con una mano le sujetó la nuca y con la otra le bajó hasta las nalgas para darle un golpe seco.

—Mierda… me pusiste duro en un instante —murmuró Alexander cerca de sus labios.

Valentina sonrió, bajó la mano directo a la entrepierna de Alexander y empezó a masajearle el bulto sobre el pantalón, de arriba abajo.

Él la volvió a besar mientras la agarraba de las nalgas con las dos manos, apretándoselas y dándole golpes leves. Valentina no dejó de mover la mano sobre su pantalón, sintiendo cómo se le iba poniendo cada vez más grande.

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