Alexander y Valentina subieron al jet privado esa misma noche. No les importó la hora; ambos solo querían regresar a casa.
Aun así, Valentina seguía preocupada porque el proyecto con los Montero podía haberse arruinado por la imprudencia de Miranda Evans.
—No te preocupes —dijo Alexander, tomando su mano—. La idea de hacer negocios con Montero era interesante, pero el proyecto nunca dependió de que él aceptara trabajar conmigo.
Valentina levantó la mirada hacia él y se quedó observándolo con cierta sorpresa.
—¿Harás el proyecto sin Montero? —preguntó.
—Sí —afirmó Alexander.
Valentina sonrió y guardó silencio durante unos segundos. No conocía todos los detalles del proyecto, pero sabía que podía convertirse en una gran inversión a largo plazo.
—¿Podríamos utilizar mi idea? —preguntó.
—Tu idea tendría un gran impacto. Sin embargo, Montero y Solís también la conocen y podrían utilizarla a su favor —respondió Alexander.
—Pero solo les di la idea, no el plan de desarrollo a largo plazo —replicó Valentina.
Alexander se quedó observándola con curiosidad. No esperaba que Valentina quisiera involucrarse de esa manera en el proyecto.
—Puedo ayudarte a mejorar el proyecto, pero ¿podría formar parte de él? —preguntó—. Me serviría para ganar experiencia. No me importa si no recibo un porcentaje de las ganancias. Quiero aprender y demostrar que también puedo aportar.
—Prepara una presentación detallada con el desarrollo de tu idea y después podemos hablar sobre tu participación en el proyecto —propuso Alexander.
Aunque Valentina era su esposa, no podía simplemente incluirla en un proyecto tan importante sin antes conocer su propuesta.
—Perfecto —respondió Valentina, emocionada.
Sabía que también tendría que organizar la fiesta de cumpleaños de Alexander, pero tener nuevos proyectos en los que ocuparse la hacía sentir bien. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía feliz, diferente y, sobre todo, útil.
….
Anthony caminaba de un lado a otro por la recámara, furioso por lo que Miranda había hecho frente a los Montero. Al final, la reunión había terminado cancelada y, para él, todo se había arruinado.
Pero Miranda no lo veía de la misma manera. Para ella, aquello apenas era el comienzo. Revelar la verdadera situación entre Alexander y Valentina había sido solo el primer paso de su plan, aunque nunca imaginó que Valentina terminaría confesándolo todo por sí misma.
—¡Eres una tonta! —gritó Anthony, señalándola.
Miranda frunció el ceño y cruzó los brazos. Anthony no entendía por completo su plan y eso comenzaba a molestarla.
—¡Tú eres el tonto! Te dije que todo esto es parte de mi plan y debes confiar en mí —replicó ella.
Miranda suspiró profundamente, intentando controlar su enojo.
—Debemos continuar con el plan. Valentina tiene que creer que nos lleva ventaja —dijo, acercándose a él—. Tienes que confiar en mí, bebé…
Anthony rodeó su cintura con los brazos y asintió, tratando de controlar su enojo. Le daría una última oportunidad, pero si las cosas no salían como Miranda aseguraba, la apartaría y buscaría otra forma de quedarse con todo lo que le pertenecía a Valentina.
Después de todo, todavía tenía una carta que podía jugar. Valente Luna confiaba en él y, mientras esa confianza continuara, podía convertirse en su mejor as bajo la manga.
….
Daniel vio llegar a Alexander el lunes por la mañana y, antes de seguirlo hasta su oficina, recibió un mensaje en su teléfono personal.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....