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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 62

Alexander analizó el plan de Valentina. No era una mala idea. Anthony Solís era demasiado ambicioso y haría cualquier cosa por dinero, pero conocía su carácter. Nunca aceptaría ayuda directa de él, así que tendría que mover las piezas con cuidado y hacerlo de manera indirecta.

—Puedo hacerlo, pero...

Alexander hizo una pausa. A pesar de todo lo que Valentina estaba haciendo para demostrarle que había cambiado, las dudas seguían ahí. Después de casi tres años de un matrimonio falso, lleno de discusiones y desprecio, le resultaba difícil confiar por completo en ella.

Anthony Solís había influido demasiado en su relación y Alexander todavía temía que todo aquello fuera una trampa para volver a lastimarlo.

Valentina comprendió su silencio. Sabía que las dudas seguían presentes, pero ella tenía claro lo que quería. Quería vengarse de Anthony y Miranda, y aunque ahora disfrutaba de su vida junto a Alexander, no podía simplemente olvidar todo lo que ese par le había hecho.

—Alexander, solo un poquito... —pidió, colocando sus manos sobre sus mejilla— Por favor, confía en mí.

Alexander suspiró sin poder apartar la mirada de ella. En sus hermosos ojos azules había una ternura que jamás imaginó que algún día estaría dirigida hacia él.

Simplemente no podía negarse a esa mirada.

—Está bien —accedió finalmente— Confiaré en ti, Valentina.

Valentina se lanzó sobre Alexander. Él la recibió entre sus brazos y apoyó el rostro contra su cuello.

—Tenemos que arreglarnos. Los Montero nos esperan para desayunar y después iremos a dar un paseo por la hacienda —murmuró.

Valentina asintió y se apartó un poco, buscando nuevamente su mirada.

—¿No podemos hacerlo ahora? —preguntó con una expresión cargada de inocencia y picardía.

Alexander soltó una risa ronca y negó con la cabeza.

—Valentina, anoche fue suficiente. Además, tenemos que ir al paseo...

—Dijiste que siempre pido más —replicó ella con una sonrisa—. Así que tendrás que acostumbrarte a cumplir mis caprichos.

Alexander hizo un rápido movimiento, haciendo que Valentina quedara sobre el colchón y él sobre a ella.

—Carajo, Valentina... estás completamente loca.

Ella no lo sabía; mejor dicho, todavía no se había dado cuenta de que Alexander estaba dispuesto a cumplir cada uno de sus caprichos, incluso cuando hacerlo terminaba siendo más difícil para él.

…

Edward Hart estaba en el jardín de la mansión Hart, desayunando mientras revisaba las noticias en su tableta. Sin embargo, no estaba completamente concentrado en la lectura. Sus pensamientos estaban puestos en Alexander.

El cambio de actitud de Valentina le preocupaba. No era que no quisiera a su nuera; simplemente sabía que había sido obligada a casarse con Alexander y que, desde el principio, aquel matrimonio parecía destinado al fracaso.

Ahora que Valentina mostraba un cambio tan repentino después de casi tres años de conflictos con Alexander, Edward no podía evitar desconfiar. Le preocupaba que aquello fuera solo temporal, una farsa que terminara lastimando nuevamente a su hijo.

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