Alexander estaba sentado en el asiento trasero junto a Valentina, mientras el chofer conducía.
—Alexander... —Lo llamó ella.
Valentina suspiró. Podía notar que estaba molesto y sabía perfectamente que la presencia de Anthony en la oficina de su abuelo tenía mucho que ver.
—Yo no sabía que Anthony estaría presente. —Murmuró.
—¿Por qué de repente decidiste que quieres que me encargue de tu herencia? —Preguntó, mirandola de reojo.
—Mi abuelo quiere que deje que Anthony me asesore. —Respondió— Pero obviamente no lo haré. Ni siquiera pienso invertir en esas dichosas empresas extranjeras.
Alexander se quedó en silencio. Las palabras de Valentina hicieron que recordara de inmediato la información que Daniel había encontrado sobre Anthony.
—¿Empresas extranjeras? —Repitió, mirándola con atención.
—Sí. Anthony convenció a mi abuelo de invertir en ellas y ahora quiere que yo haga lo mismo con mi herencia. — Respondió.
Alexander frunció el ceño. Decirle a Valente que sospechaba de Anthony Solís no serviría de nada. Después de todo, era evidente que el abuelo de su esposa confiaba más en Anthony que en él.
Pero tampoco podía permitir que Solís terminara dejando en la ruina al abuelo de Valentina. Necesitaba apresurarse y conseguir pruebas antes de que Valente quedara en la ruina.
Valentina se quitó el cinturón de seguridad. El silencio de Alexander le hizo pensar que estaba molesto por haber encontrado a Anthony cerca de ella. No quería que pudiera malinterpretar la situación, así que decidió explicarle lo ocurrido.
Se sentó en su regazo, apoyando una mano alrededor de su cuello y la otra sobre su torso.
—¿Qué haces? —Susurró él, mirando de reojo al chofer.
—Te juro que no sabía que Anthony estaría con mi abuelo. No te enojes. —Murmuró ella, buscando tranquilizarlo.
Alexander entrecerró la mirada. Sí, le había molestado encontrar a Anthony allí, pero sabía que no podía hacer nada mientras siguiera siendo una persona de confianza para Valente Luna.
—Lo sé. —Respondió, acariciándole la mejilla.
Valentina sonrió y se inclinó para besarlo, metiendo la lengua para encontrarse con la de él. Alexander respondió al beso con la misma intensidad, rodeándole la cintura con una mano mientras deslizaba la otra por debajo de su vestido, subiendo por su muslo hasta acariciar la tela de sus bragas.
—Alexander… —susurró entre el beso, con el aliento agitado.
A pesar de los nervios, separó ligeramente las piernas para darle más libertad de tocarla por encima de las bragas.
Alexander notó su tensión, pero no se detuvo. Deslizó la mano por debajo de la tela de su braga, frotando directamente su coño caliente. Valentina soltó un suspiro ahogado contra su boca, apretando los muslos.
—Shh, no hagas ruido —murmuró Alexander contra sus labios.
Valentina apenas lograba contenerse. Sentía cómo los dedos de Alexander se deslizaban dentro de su coño, mientras con su pulgar presionaba en movimientos redondos su clítoris. Apretó los dedos en la nuca de él para fijarse a su boca, buscando ahogar cada jadeo mientras el auto daba una vuelta cerrada.
Alexander no redujo la velocidad de sus dedos. Metió un poco más de presión en cada embestida corta, sintiendo cómo los muslos de Valentina empezaban a temblar sobre su regazo.
Valentina se tensó de repente. Alexander metió los dedos un poco más profundo y apretó el ritmo con el pulgar hasta que no la dejó aguantar más.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....