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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 900

—En realidad, el bebé que esperabas ni siquiera era de Camilo. ¡Esa noche, el hombre que se acostó contigo borracho no fue él!

Martina se quedó helada. —¡No! ¡No manches! ¿Con qué derecho dices eso? ¡No te creo ni una sola palabra!

—Lo creas o no, es la pura verdad. Antes de venir a buscarte, Camilo me lo confesó todo. Me dijo que esa noche sí estaba ahogado en alcohol, pero el que entró a tu cuarto no fue él, fue otro tipo de la Orden de la Merced. Cuando despertaste, te aferraste a que había sido él. Como te prometió que te cuidaría, y temiendo que hicieras una locura si te enterabas, decidió tragarse la verdad.

—Se encargó de silenciar a ese infeliz en secreto y se echó la culpa encima. Por eso no quería que tuvieras al bebé, porque no era suyo. Ese cabrón ya está muerto, y Camilo no quería que algún día descubrieras la verdad y te arrepintieras de haberlo tenido.

Esa era la verdad que Camilo le había confesado en persona a Cecilia tras la desaparición de Martina.

Hasta ese momento, Cecilia no sabía que Camilo cargaba con un peso tan grande.

Nunca se imaginó que ese muchacho tuviera pensamientos tan profundos.

—¡Es mentira! ¡Es una maldita mentira! ¡Cómo es posible! ¡Ese hombre tenía que ser él! —Martina estaba fuera de sí.

¡Su mente se negaba a aceptar una realidad que destrozaba todo lo que creía!

—Martina, no le hagas caso. Toma tu cuchillo y termina el trabajo —la incitó Lobo.

Martina le lanzó una mirada llena de odio a Cecilia, sabiendo que ya estaba acorralada.

Avanzó hacia ella, empuñando el arma paso a paso.

—Cecilia, ¿por qué tenías que escupirme esta verdad? No te bastó con que me destrozaran la vida esos vagabundos, ¡ahora resulta que también fui el juguete de un cualquiera! ¿Por qué eres tan cruel? Si soy tan poca cosa, ¡entonces te voy a matar! De todos modos, ya no hay vuelta atrás. Si no puedo tener lo que quiero, tú tampoco. ¡No dejaré que sean felices!

Sin piedad, Martina le hundió el cuchillo en el pecho.

Cecilia soltó un quejido sordo.

La miró fijamente a los ojos. —Martina... la puñalada en la espalda fue para saldar la deuda con tu hermano. Y esta... es por lo que te debía a ti. A partir de hoy, estamos a mano. Lo que pase con tu vida... ¡ya no es mi problema!

Haciendo un esfuerzo sobrehumano para articular esas últimas palabras, Cecilia se desmayó.

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