Era culpa de su propia estupidez y de los celos que le tenía a Teresa, ¿cómo podía culpar a los demás?
Cecilia habló con un tono frío:
—Miriam, deja de ponerte excusas. Cuando alguien quiere hacer las cosas mal, le sobran los motivos. Hoy traicionaste a la empresa y las pruebas son irrefutables. ¡Esa es la realidad!
Al terminar de hablar, Cecilia miró a Nadia y le dijo:
—Tú eres la directora, es mejor que te encargues de los asuntos de la empresa. Yo me retiro.
Nadia miró a Miriam y le dijo con decepción:
—¡Recoge tus cosas y lárgate! Por el cariño que te tenía antes, no voy a tomar acciones legales en tu contra.
Miriam soltó un bufido frío y se fue sin mostrar la más mínima señal de remordimiento.
Después de irse, Cecilia se dirigió a Páramo Visual.
Esa empresa había comenzado a ganar fama en los últimos años y contaba con un fuerte respaldo financiero.
Por esa razón, se habían robado a muchos diseñadores talentosos, tanto del país como del extranjero.
Y justo por eso, se atrevían a medirse de tú a tú con Estudio Cobalto.
Al entrar, la recepcionista se acercó para preguntarle:
—Buenos días, señorita. ¿A quién busca?
—¡Busco a su jefa, dígale que salga a darme la cara!
—¿Tiene alguna cita programada?
—No.
—Si no tiene cita, me temo que no será posible.
—Solo dígale que vengo de Estudio Cobalto. Si la encargada de aquí no sale a verme, entonces que no me culpe si subo a buscarla yo misma. Si se arma un escándalo, ¡no será mi problema!
Al decir eso, Cecilia agarró un florero que estaba sobre el mostrador de recepción y lo rompió en pedazos con sus propias manos.
La recepcionista se dio cuenta de que Cecilia era de armas tomar y se asustó.
Se apresuró a avisarle a sus superiores.

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