A Cecilia ni se le había pasado por la cabeza que Miriam pudiera tener tratos con Anaís.
En teoría, no había ninguna razón para que esas dos se cruzaran.
—Entendido, gracias por el dato.
Si Anaís estaba metida en esto, solo era cuestión de jalar el hilo para desenredar toda la maraña.
Hacía tanto tiempo que no sabía nada de Anaís, que Cecilia ya hasta se había olvidado de su existencia.
A mediodía, Saúl Rivas pasó a recoger a Cecilia para ir a comer a un restaurante.
Aprovechando la ocasión, Cecilia le preguntó sobre Anaís.
—Oye, ¿de casualidad sabes en qué anda Anaís últimamente?
—¿Y a ti desde cuándo te importa lo que haga ella? —preguntó Saúl, extrañado.
—No es que me importe, pura curiosidad. Es que traigo un asuntillo por ahí y creo que ella tiene algo que ver. Solo quería preguntarte, y si no sabes, pues mando a investigar por mi cuenta.
—La verdad, no tengo idea. Esa mujer me cae tan mal que no me interesa en lo más mínimo lo que haga con su vida.
—Lo único que sé es que cuando Kevin Rivas tomó las riendas de Grupo Rivas, a Anaís se le acabó el teatro y renunció. A qué se dedica ahorita, lo ignoro. Cici, ¿pasó algo malo? ¿Quieres que te eche la mano?
Cecilia negó con la cabeza.
—No, así déjalo. Mejor vamos a comer.
Después de la comida, Saúl llevó a Cecilia a una pastelería cercana.
Resultó ser la misma de siempre: Beso de Azúcar.
—Bienvenidos —saludó el personal.
—Acabamos de comer, ¿para qué compras postres? —preguntó Cecilia.
Saúl le contestó con un tono de misterio:
—Hoy es diferente. ¡Hoy te voy a preparar un regalo con mis propias manos!
Entraron al local y un empleado se les acercó rápidamente.
—¿Qué les puedo ofrecer?
Saúl sacó una tarjeta.
—Voy a pasar a la cocina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia