—¡Leticia, tu papá es un pan de Dios!
—¡Sí! Yo pensaba que los presidentes de las empresas eran tipos fríos y enojones, pero él es súper accesible.
—Hasta nos sonrió y asintió al vernos. ¡Híjole, qué envidia! ¡Eres súper afortunada de tener un papá así!
Todos rodeaban a Leticia, llenándola de halagos.
Ella solo podía asentir, muerta de la vergüenza.
Muy en el fondo, sentía un nudo en el estómago.
«¡Ojalá Damián fuera mi verdadero padre!», pensó con amargura.
***
—¡Ay, qué coraje! ¡Me va a dar un infarto del coraje! ¡Mi papá perdió la cabeza! —exclamó Mónica, a punto de hacer un berrinche.
¡Plaf!
Matías se soltó una bofetada con todas sus fuerzas.
—¡Señorita Mónica, perdóneme la vida! ¡Todo esto es culpa mía! —dijo Matías, lleno de remordimiento.
Al ver cómo se castigaba de esa manera, Mónica se asustó.
—Señor Herrera, no... por favor, no haga eso...
En ese momento, Damián se acercó a ellos.
—Presidente, le ruego me disculpe —dijo Matías, quien entendía perfectamente la situación.

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