—Está bien… Denme tres días. Les pagamos —dijo Clara, sin fuerzas.
Sabía perfectamente cómo funcionaba ese tipo de préstamos; su hijo seguro cayó redondito.
—Señora Valdés, tres días no. Ya se le dieron tres días al señor Darío. Con intereses, para mañana la deuda ya va por ochocientos millones. Piénselo bien.
—¡Ustedes… se están pasando! ¿Creen que los Valdés no tenemos con qué? —explotó Clara.
—Tengan o no tengan, si le debieron al señor Camilo, se paga.
Al final, Clara tuvo que ceder.
—Un día. Denme un día.
Entonces sí, los hombres se llevaron a los suyos y se fueron.
Esa noche, Iker volvió. Toda la familia estaba reunida, hablando del tema.
—Darío, ¿cómo se te ocurre meterte con eso? —Iker estaba que no podía con el estrés.
La empresa traía broncas una tras otra, y ahora esto.
Desde que Cecilia se fue, la casa no había tenido un respiro.
—Papá, mamá… yo pensé en lo de mi hermano. Quería ganar algo para ayudar… y me atoré —dijo Darío, con la cabeza agachada.
—Ya no lo regañen. Darío lo hizo por la familia. Seguro lo engañaron —intervino Noa, queriendo quedar bien con su hermano.
Como supo que había problemas, se salió del hospital y regresó.
Clara entonces miró a Noa.
—Noa, ahorita sacar varioscientos millones está difícil… Mejor vende tus joyas. Ayúdanos a salir de esta.
Noa se quedó helada.
Quitarle sus joyas era como arrancarle la vida.
Todas las noches dormía abrazándolas; si no, ni conciliaba el sueño.
—¡No! —rugió Iker—. ¡No voy a dejar que los Valdés se caigan en mis manos!
Se levantó y se fue.
Esa noche no llegaron a nada.
Al día siguiente, Clara intentó conseguir dinero por todos lados, pero no completaba los cuatrocientos millones.
Darío ni se asomaba fuera de la casa.
Le daba pánico salir y que le cortaran el brazo.
Al verlo sin poder comer, Clara lo consoló:
—No tengas miedo. Como dice tu papá, ¿qué se creen? ¿Que van a venir a hacer algo aquí?
—Ya puse a todos los guardias en la casa. No entra ni una mosca. Mientras no salgas, no pasa nada.
Darío, arrepentidísimo, abrazó a Clara y juró que ya no iba a apostar…

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