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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 747

Cecilia asintió.

Claro que lo sabía.

Al final, estaban en el Estado de Nueva Cartuja y no tenían cómo mover cielo y tierra. Era imposible rescatar a todos.

Solo esperaba que la gente abriera los ojos: no creerse ofertas de “sueldo altísimo” ni cuentos de dinero fácil, y ponerse a chambear en serio.

—Saúl —llegó Dante.

—¿Qué pasó?

—Hay alguien que no se quiere ir. A fuerzas quiere ver a la Srta. Galindo.

Cecilia volteó y vio a Noa.

—¿Tú qué haces aquí? ¿Por qué no te fuiste? —preguntó Cecilia.

Ya había cumplido: la sacó de ahí.

—No me quiero ir. Me voy contigo —soltó Noa, directo.

Cecilia se burló.

—¿Y para qué? Lo que tienes que hacer es regresarte al país; ahí es donde estás a salvo. No me sigas.

—Yo te ayudé. No me puedes dejar. Cecilia, te lo juro: me voy a portar bien, ya no voy a armar problemas. Por favor, déjame quedarme contigo.

—Sí, me ayudaste… pero yo también te saqué. Estamos a mano. Noa, regrésate ya. No te quedes aquí; yo no te puedo garantizar cuándo te van a volver a caer.

Cecilia lo tenía clarísimo: Noa era una víbora.

No era ninguna santa como para traerla pegada.

Dizque el que es, no deja de ser. Cecilia no creía que Noa fuera a cambiar.

Si de verdad pudiera cambiar, ya habría reaccionado desde antes, con todas las oportunidades que tuvo.

Hay gente que nace torcida.

Aunque la criaron en una familia tan decente como los Galindo, no se le quitó lo egoísta y venenosa.

Así que Noa no estaba “arrepentida” de verdad.

—¿De plano me vas a dejar a mi suerte, Cecilia? ¡Si ya te pedí perdón! —reclamó Noa, furiosa.

—Ya hice lo que me tocaba. No te debo nada. Tú sabrás. Pero te lo digo por última vez: mejor lárgate al país. Si te quedas aquí, un día de estos no la cuentas.

Y con eso, Saúl y Cecilia se fueron.

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