Este río fronterizo… del otro lado ya es Estado de Nueva Cartuja.
De por sí la zona era peligrosa, y el río estaba asqueroso.
Entre la basura que flotaba, casi no había peces.
Decían que los habitantes de los poblados cercanos, de vez en cuando, veían cuerpos flotando en el agua.
La gente ya lo tenía normalizado.
Casi siempre los aventaban desde Estado de Nueva Cartuja y la corriente los arrastraba hasta este lado.
—Es herida de bala… parece que hace un par de días hubo un tiroteo por aquí.
—Cecilia, conseguí una lancha. ¡Podemos cruzar directo!
—Va.
Se subieron a la lancha. El río apenas tenía unos metros de ancho; con cruzarlo bastaba.
Al subir a tierra, vieron que del otro lado había un montón de complejos.
—Por esta zona están los “call centers” de estafa. Dicen que en Estado de Nueva Cartuja hay decenas, grandes y chicos. Esto es solo la punta del iceberg… y ni idea de a cuál se llevaron a Mónica.
Encontraron un lugar para sentarse y empezaron a meterse al sistema de cámaras de la zona.
—Cecilia, ya lo ubiqué. Mónica debería estar en este complejo —dijo Zacarías, señalando el mapa en la pantalla.
Cecilia lo intentó y se dio cuenta de que entrar al sistema de ese lugar no era tan fácil.
—¿Qué pasa?
—Su circuito de cámaras trae protección de un hacker, para bloquear intrusos. Está cañón entrar.
—¿Y entonces qué hacemos? Esto está peligrosísimo. La gente que entra ahí, casi siempre la pasa fatal. Mónica es una niña bien… no sé cuánto aguante. Tenemos que sacarla ya.
—Entonces yo me meto primero a buscarla. Tú quédate aquí intentando entrar a su sistema. Además, traigo un rastreador; así coordinamos desde dentro y desde fuera.
A Cecilia no le cabía en la cabeza dejar a Mónica sola ahí adentro. Tenía que entrar para protegerla.
—Va. Pero ten mucho cuidado.

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