—Darío, abre bien los ojos. Con intereses y todo, ya van doscientos millones. Si mañana o pasado no pagas, sube a trescientos.
—¿Qué? ¡¿Tanto?! —Darío se quedó pálido.
Él creyó que era “bajo”, pero el monto era enorme y el contrato tenía trampas que un novato como él ni iba a detectar.
Cayó redondito.
—Te quedan dos días. Ya sabes cómo es el señor Camilo. Ve preparando el dinero.
Darío se quedó hecho polvo.
Quería ayudar en su casa… y terminó hundiéndose él.
¿Y ahora qué?
***
Hospital.
Clara seguía acompañando a Noa.
Cuando se enteró de que su hija había perdido al bebé la noche de bodas, se puso como loca.
A su niña… hacerle eso.
Todavía pensaba llevar la fiesta en paz con la familia Salinas, pero estaba claro que los Salinas iban con todo contra los Valdés.
Así que ya no tenía caso quedar bien.
Ese mismo día llamó a los medios para reventar el escándalo desde el hospital.
Quería que los Salinas se les fueran encima con todo.
—Señora, los reporteros ya están afuera —le avisó un asistente.
—Mi amor, tú descansa. Yo voy a salir a poner en su lugar a esa gente —la consoló Clara.
Noa asintió.
Ella también pensaba que casarse era “llegar a la cima”.
Y en una noche la aventaron al suelo.
Sin bebé… y encima la familia Salinas la corrió.
Una sola noche.
Clara salió con lentes oscuros. Los reporteros se le fueron encima.
Ella se soltó llorando, dramatizando todo.
—¡Ellos fueron los que pidieron el matrimonio! Ismael embarazó a mi hija y la noche de bodas la golpeó. ¡Ahora el bebé ya no está!
Y aun así seguían con demandas y pleitos.
***
Casa de los Galindo.
Pasó un tiempo y Saúl ya podía caminar solo.
Cuando Cecilia entró a buscarlo, él estaba de pie junto a la ventana, hablando por teléfono, sin que ella alcanzara a oír.
Desde que empezó a caminar, se veía más ocupado.
—¡Saúl!
—Cici, ya llegaste —colgó y sonrió—. ¿Cómo te sientes hoy?
—Mucho mejor. Ya estoy casi como si nada. Tengo años sin salir… ¿me acompañas a dar una vuelta?
Cecilia aceptó.
Desde que se quedó inválido, Saúl pasó años en cama.
Incluso viviendo con los Galindo, apenas salía al patio a tomar aire. Nunca había caminado fuera.
Así que se fueron por el caminito del pueblo.

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