Al rato, Nuria entró. En cuanto vio a Lorenzo, se quedó un segundo en blanco.
Tenía mucho sin verlo y se sintió como si hubiera pasado una vida entera.
—¿Qué se te ofrece? —preguntó Lorenzo.
Nuria reaccionó y se recompuso.
—Señor Urbina… ¿ya está mejor?
—Ajá —respondió, sin mucho interés.
Estaba sentado junto al ventanal. El sol le caía justo encima, bañándolo de luz.
Se veía tan distante, tan impecable… como alguien inalcanzable.
—Señor Urbina, hoy vine a preguntar por qué se canceló la colaboración con CosmoEstrella Tech. Yo no sabía nada y de repente… se terminó todo.
Lorenzo volteó a verla, sin expresión.
Durante su hospitalización, Cecilia había llevado todo lo de la empresa. Él no se había metido.
La verdad, ni sabía lo de cortar con esa planta.
«Seguro a Cecilia no le gustó», pensó.
Y si fue decisión de Cecilia, él se ponía de su lado, sin dudarlo.
—¿Qué? ¿Por cortar con una plantita así también tengo que darte explicaciones?
—Yo… yo no quise decir eso —Nuria se puso nerviosa.
No sabía por qué, pero la presencia de Lorenzo pesaba. Con que le subiera tantito al tono, ya sentías que te faltaba el aire.
Normalmente, con esa respuesta ya no habría insistido.
Pero su abuela se lo había encargado: tenía que saber el motivo. Así que se armó de valor.
—Señor Urbina, solo quiero entender la razón. Y se lo digo con franqueza: el director de CosmoEstrella Tech es el señor Facundo, mi tío, así que…
—¿Así que vienes a pedir por ellos? —Lorenzo la cortó—. Si quieres saberlo, ahí te va: con quien firmamos el contrato fue con Thiago, no con Facundo. Nosotros aceptamos trabajar con CosmoEstrella Tech por la reputación de Thiago.

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